sábado, 8 de abril de 2017

Nacionalsocialismo no es Nacionalcatolicismo



"A nosotros nos han engañado, porque jamás hubiese yo aceptado, sabiendo de qué se trataba en realidad, que nuestros aviones sirvieran para aplastar a pobres muertos de hambre, y para restablecer en sus privilegios horribles a los curas españoles", como se recoge en 'El Testamento Político de Hitler: notas recogidas por Martin Bormann'

En julio de 1941, en la plenitud de su poder, Hitler accede a los ruegos de su corte y consiente en que se registren por escrito las reflexiones-monólogos con las que deleita a sus íntimos durante las comidas y cenas. No admite ningún medio mecánico, y sí la presencia de un taquígrafo, que desde un rincón no muy visible puede tomar notas que luego serán corregidas, aprobadas y guardadas por su secretario, Martin Bormann. Nacen así las “Bormann-Vermerke“, más conocidas en español e inglés como “Las conversaciones de sobremesa”, tal y como se publicaron en español, muy censuradas, en los años 50.




El Tercer Reich respetó la religiosidad del pueblo alemán (primordialmente católica y protestante), dicha situación obedece a dos factores:

- El gobierno alemán no iba a propiciar una división nacional por factores religiosos, cuando lo que pretendía era unificar Alemania.

- Hitler sabía que sociológicamente hablando el cristianismo (como organización) era en cierta medida un baluarte de la civilización occidental y representaba un reducto de valores en oposición al marxismo ateo.

Hitler firmándole,  probablemente, un autógrafo  o un libro a una monja


Pero esto nunca significó que el Nacionalsocialismo Alemán haya sido una especie de franquismo fanático-católico.

Franco fue un filo-moro, mas preocupado por los pobres saharauis que por España, un amante del folclore gitano, cosa que nada tiene que ver con otros folclores españoles como los del norte, ya sea Galicia o el País Vasco, últimos bastiones en todas las conquistas de España.




Franco no fue un camarada y te digo por qué

 El 6 de febrero de 1941, Hitler, cansado de las evasivas y dilaciones de Madrid, escribe una carta brutal a Franco, de la que sólo cito dos pasajes: «Si su lucha contra los elementos de la destrucción tuvo éxito, Caudillo, ello fue sólo gracias a la prudencia que las democracias se vieron obligadas a mostrar a causa de la actitud de Alemania e Italia». Y también: «Hay algo sobre lo que debe existir claridad, Caudillo, nosotros sostenemos una lucha a muerte y no podemos por tanto hacer ningún regalo».

''Según el testimonio del doctor Schmidt, Hitler llamaba a Franco continuamente «traidor desagradecido» y «cobarde sinvergüenza»

Según Wikipedia: ''El jefe de las SS visitó varias cárceles y campos de concentración franquistas, de los cuales sacó una mala impresión: no compartió la dureza de la represión franquista, y llegó a comentar con Franco y Serrano lo absurdo que resultaba exterminar a una valiosa mano de obra cuando se necesitaban con urgencia trabajadores para la reconstrucción del país. Todo parecía encaminado para la entrada en guerra de España del lado de Alemania. En este contexto de acercamiento hispano-alemán, el 23 de octubre se produjo en la localidad fronteriza de Hendaya una entrevista entre Franco y Hitler, con el objetivo de negociar la posible entrada en guerra de España del lado del Eje. Sin embargo, el encuentro entre ambos líderes no dio resultados positivos. Refiriéndose a los alemanes, Franco le comentaría a Serrano Suñer: «estos tíos lo quieren todo y no dan nada». Hitler tampoco salió satisfecho de la reunión. Según el intérprete de von Ribbentrop, Hitler maldijo al «jesuita» Serrano y al «ingrato» Franco, del que diría: «nos lo debe todo y ahora no se unirá a nosotros». El 19 de noviembre Serrano tuvo una reunión con Hitler en Berchtesgaden, aunque no se llegó a alcanzar ningún acuerdo.''






¿Sepulturero de la nueva España? Serrano y la restauración monárquica. San Ignacio de Loyola y Maquiavelo. Ruptura entre Hitler y Franco.


''He condenado siempre el racismo; no he sido tampoco un servidor de ellos, sino un servidor de mi país, pero fui un amigo sincero de Alemania y creía en la victoria y la deseé. Saña. Hitler estaba en todo caso convencido de que era un instrumento de la Iglesia, y especialmente de los jesuitas.


Aquí también tengo que contradecir a Hitler. Yo no tengo nada contra los jesuitas, pero los conozco poco. He tenido algún amigo jesuita, como el Padre Lodokowski, el Padre General de los jesuitas, el Papa Negro, como se le llamaba en Roma en tiempos de Pío XI y al principio del Pontificado de Pío XII. Era un polaco intelectualmente muy fino que venía a verme siempre que yo iba a Roma. Teníamos conversaciones muy interesantes.'' 


El primer libro que yo conocí recogiendo el testimonio auténtico, indubitable de Jodl es un libro de Raymond Cartier que se titula Les secrets de la guerre dévoilés par Nuremberg. Saña. Conozco el libro. Cartier reproduce en francés las declaraciones que el general Jodl hizo ante los Gauleiter del Reich, que figuran en las actas de Nuremberg como el documento 1. 172. En esas declaraciones, Jodl dijo textualmente que el objetivo de hacer entrar a España en la guerra al lado de Alemania y la posibilidad de ocupar Gibraltar se vieron frustrados por la resistencia ofrecida por usted, al que Jodl califica además de «jesuítico».''


- Ramón Serrano Suñer, político y abogado español, conocido por su papel durante la Guerra civil y los primeros años de la Dictadura franquista.




Reinhard Spitzy llegó a Madrid a finales del caluroso agosto de 1942. El nuevo ejecutivo de la Skoda, una empresa de armas alemana, propiedad de las Waffen-SS, parecía más un dipomático que un comercial de la fábrica que vendía pequeños cañones antiaéreos del ejército español. 

A sus 31 años, Spitzy, 1,95 de altura, anchas espaldas, ojos claros y bien trajeado, no podía ocultar una formación que iba mucho más allá de la de un ejecutivo alemán trasladado a la capital de España en plena Segunda Guerra Mundial. En aquel Madrid de los años cuarenta, con un Gobierno que todavía agradecía a Hitler su apoyo para ganar la Guerra Civil, Spitzy podía desenvolverse como pez en el agua, pero sin revelar a todos los que le rodeaban su auténtica misión y su intenso pasado en los aledaños de mismísimo Hitler.


Hijo del médico de cabecera delemperador de Austria, Reinhard Spitzy se había educado en un convento de monjes benedictinos al que las familias monárquicas más influyentes de Viena,incluyendo a los Habsburgo, confiaban a sus hijos. Nacido en Graz, el 11 denoviembre de 1911, desde pequeño le apasionaba la historia y en esa materiaera el primero y más resabido de laclase, como si intuyera que, en el futuro,iba a formar parte de ella. Adoraba la literatura rusa, la música de Tchaikovsky y, al mismo tiempo, se sentía fascinado e identificado con el Sacro Imperio Romano Germánico. Aquella Austria pequeña y conformista de su juventud no le decía nada. Añoraba la grandeza de su país en otras etapas de su historia.
Entonces ya era un muchacho rebelde y 
ambicioso. 

El ejecutivo de la Skoda había tenido una juventud muy agitada. Se alistó enlas juventudes católicas, entró después en la SA, las tropas de asalto, y de ahí escaló a velocidad de vértigo a las SS, su sueño y aspiración juvenil. En 1935, cuando sólo tenía 24 años, ya era teniente y, más tarde, el todopoderoso Heinrich Himmler le nombró capitán. Aquel día fue uno de los más felices de su vida y se paseó con su uniforme altivo y orgulloso. No había obtenido un grado superior porque era católico y eso despertaba suspicacias. Lo que sí había logrado, y presumía de ello, eraconvertirse en uno de los primeros miembros de las SS en Austria. «Los diez primeros, los más altos, serán miembros de las SS», gritó un oficial a los muchachos de la SA. Y Spitzy cumplía las dos condiciones para enfundarse el siniestro uniforme negro.


Pero además de sus inquietudes militares —llegó a obtener el título de piloto—, el joven Reinhard no descuidó su formación intelectual. Estudió dos años en la Escuela de Ciencias Políticas de París, donde se diplomó con mención honorífica, y amplió estudios en Roma. Le gustaba viajar y, pese a su fascinación por el pasado glorioso de la vieja Austria, disfrutaba también de las ventajas que proporcionaban otros escenarios más abiertos y modernos de Europa.

Un año antes de obtener el grado de teniente de las SS, el que sería nuevo ejecutivo de la Skoda en Madrid había  participado en el golpe nazi en Viena, en  julio de 1938, y se había visto obligado a exiliarse a Alemania, donde Rudolf Hess lo reclutó para el cuerpo diplomático alemán, una carrera vertiginosa que terminaría en su enigmático viaje a España. Un viaje que 
años más tarde le iba a empujar hasta la fría torre de un monasterio trapense en San Pedro de Cardeña (Burgos). El destino de este hombre católico y creyente recién llegado a la capital de 
España no lo había marcado Dios, sin la terrible fobia que Joachim von Ribbentrop tenía a los judíos. Como embajador alemán en Londres, Ribbentrop tuvo primero como secretario a un príncipe vago e ignorante, luego a un bruto de la SA, las tropas de asalto, y finalmente a un eficiente funcionario cuyo único e incorregible «defecto» era tener una abuela judía, algo que Ribbentrop no podía soportar. La desgracia de este último hombre llevó al joven Spitzy hasta un puesto importante en Londres y lo situó a la sombra de un personaje que poco después acumularía un enorme 

Así lleg Reinhard a la capital del Reino Unido, una ciudad cosmopolita y maravillosa a los ojos del joven diplomático que se enamoró apasionadamente de la hija de un lord, toda una provocación para Ribbentrop, que odiaba a los ingleses tanto como a los judíos. «Usted no puede casarse con una inglesa», le espetó malhumorado el embajador. Spitzy era alemán —se había nacionalizado tras dejar Austria—, nazi y, además, miembro de las SS. Aquella loca historia de amor tenía todos los visos de terminar en escándalo. El embajador, que trataba a Spitzy como si fuera un hijo, quería acabar con aquella relación y concertó un encuentro de su secretario con Hitler con la esperanza de que el Führer, informado de todo, le obligara a abandonar a la inglesa. «Mañana a las 10, tiene que ir al barco del Führer. Le quiere hablar», le anunció Ribbentrop. No durmió en toda la noche. «Cuando apareció Hitler, ya estaba firme en la cubierta del barco. Me quedé pálido como la muerte. Me miró de un lado y del otro, y luego me preguntó: “¿Qué hora es?”. “Las diez y diez”, le respondí. Se dio la vuelta y se fue», recuerda Spitzy.

Al regresar a la embajada, Ribbentrop llamó a su secretario y le preguntó: «¿Ha estado con el Führer?». «Sí», respondió. «¿Y qué le ha dicho?», insistió su superior. «Me ha preguntado qué hora era», contestó relajado el joven enamorado. Spitzy había ganado la partida por Ana, la hija del coronel y lord británico. El nombramiento de Ribbentrop como ministro de Asuntos Exteriores y, en consecuencia, el regreso a Alemania alejaron momentáneamente a la pareja. Spitzy vio a Hitler en varias ocasiones y para asuntos más delicados que sus devaneos amorosos en Londres. Cuatro años antes de ese verano de 1942, en abril de 1938, Ribbentrop, ya ministro de Exteriores, como se ha dicho, envió a su secretario a una importante misión: pedir a Hitler que autorizara el envío de nuevos materiales para las tropas alemanas que ayudaban a Franco en la Guerra Civil española. El encuentro se produjo en un hotel de Salzburgo (Austria). Hitler, enfermo de la garganta, lo citó para cenar en su habitación y lo recibió envuelto en su elegante bata. «Yo me moría de admiración. Aquello era la cumbre de mi carrera. Cuando leyó los papeles que le mostré, me miró y me dijo: “No sé si hemos hecho bien en ayudar a Franco. Es el exponente del capitalismo y de los banqueros. El pueblo está con los socialistas. No creo que podamos confiar en éstos [los nacionales], son conservadores, reaccionarios y aristócratas y el pueblo probablemente está con los republicanos. Hubiera sido mejor convertirlos de socialistas internacionales en nacional-socialistas españoles. Pero como hemos dicho A, ahora no podemos decir B”. Cogió el papel y lo firmó. Yo me quedé pasmado al oír esas palabras», confiesa Spitzy, que no las incluyó en su informe al ministro porque temía la reacción de Hitler.





Cuartel General del Führer, 10 de febrero de 1945 



Me he preguntado, a veces, si no cometimos un gran error cuando, en 1940, no hemos arrastrado a España a la guerra. Bastaba una nada para empujarla, pues, en suma, ardía en deseos de entrar, en seguida de los italianos, en el club de los vencedores. 



Franco, evidentemente, consideraba que su intervención valía un precio elevado. Sin embargo, pienso que, a despecho del sabotaje sistemático de su cuñado jesuítico, hubiese aceptado acompañarnos en nuestra empresa en condiciones razonables: la promesa de algún pedacito de Francia para la satisfacción de su orgullo, y un trozo substancial de Argelia para el interés material. 

Pero como España no podía aportarnos nada tangible, he juzgado que su intervención directa en el conflicto no era deseable. Por supuesto que ello nos hubiera permitido ocupar Gibraltar. Pero por otra parte, constituía la certeza de añadirnos kilómetros de costas que defender sobre el Atlántico, desde San Sebastián hasta Cádiz. Y, suplementariamente, con esta consecuencia posible: la renovación de la guerra civil, suscitada por los ingleses. En esa forma, nos hubiésemos encontrado ligados a la vida y a la muerte de un régimen que, menos que nunca, goza de mi simpatía, ¡ un régimen de acaparadores capitalistas maniobrados por la clerigalla! No le puedo perdonar a Franco el no haber sabido, en cuanto terminó la guerra civil, reconciliar a los españoles, el haber hecho a un lado a los falangistas, a quienes España debe la ayuda que le hemos prestado, y el haber tratado como a bandidos a los antiguos adversarios que estaban muy lejos de ser rojos todos. No es ninguna solución el poner fuera de la ley a la mitad de un país, mientras que una minoría de salteadores se enriquece a costa de todos... con la bendición del clero. Estoy seguro de que entre los presuntos rojos españoles había muy pocos comunistas. A nosotros nos han engañado, porque jamás hubiese yo aceptado, sabiendo de qué se trataba en realidad, que nuestros aviones sirvieran para aplastar a pobres muertos de hambre, y para restablecer en sus privilegios horribles a los curas españoles. 

En suma, el mejor servicio que España podía prestarnos en este conflicto, ya nos lo ha prestado: obrar de modo que la Península Ibérica quedara excluida de él. Ya era bastante con arrastrar la bala de cañón italiana. Sean cuales fueren las cualidades del soldado español, España, en su estado de impreparación y desamparo, nos habría estorbado considerablemente, en lugar de ayudarnos. 

Pienso que esta guerra ha establecido por lo menos una cosa, a saber: la decadencia irremediable de los países latinos. Nos han demostrado definitivamente que no están comprendidos ya dentro de la carrera, que están descalificados, y que carecen por completo del derecho de opinar en el arreglo de los asuntos del mundo. 



Lo más sencillo hubiese sido ir a ocupar el peñón de Gibraltar por nuestros comandos, con la complicidad de Franco, pero sin entrada en la guerra por parte suya. De seguro que Inglaterra no le hubiese declarado la guerra a España tomando esa ocupación como pretexto. Se hubiera considerado más que complacida con que permaneciese fuera de la beligerancia. En cuanto a nosotros, eso nos evitaba el riesgo de un desembarque británico efectuado sobre las costas de Portugal. 



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l programa nacionalsocialista de una "religión conforme a la raza" tuvo como una de sus metas, despojar al cristianismo de todo rasgo judaico. Este "cristianismo" que debía ser purgado de sus elementos hebreos y se infundía con elementos indoeuropeos, se conoció con el término, creado por Alfred Rosenberg, de "cristianismo positivo" y que fue base del movimiento de los "Cristianos Alemanes" (Deutsche Christen, y también a veces llamado posteriormente "cristianismo ario"). Dicha doctrina contenía elementos de una religión sui generis en competencia con las dos iglesias y en sus rasgos fundamentales no contenía elementos, propiamente, del cristianismo tradicional. Esta doctrina, pensada como una fe de transición, rechazaba el Antiguo Testamento, negaba el origen hebreo de Jesús de Nazaret (considerándolo un ario), afirmaba que San Pablo, como judío, había falsificado el mensaje de Jesús, y enseñaba que "El pueblo alemán no es heredero del pecado original, sino noble por naturaleza''. Todo ello seguía un plan a largo plazo de descristianizar Alemania y revertir gradualmente el proceso de la evangelización de siglos atrás, utilizando exactamente el mismo método que la Iglesia usó contra el paganismo mediante el sincretismo religioso, y de este modo hacer retornar al pueblo a sus tradiciones originales.

Los proponentes principales del "cristianismo positivo" (Rosenberg, Himmler, Goebbels y Bormann) eran bastantes conocidos por su rotundo rechazo al cristianismo. Rosenberg, junto con Robert Ley y Baldur von Schirach, respaldó el Movimiento de la Fe Germánica (Deutsche Glaubensbewegung), organización neopagana que rechazaba ampliamente las concepciones judeocristianas de Dios, y que fue formado bajo el Tercer Reich con la intención de reemplazar las instituciones cristianas tradicionales y reducir su influencia.

El 3 de diciembre de 1928, Joseph Goebbels había escrito: "El movimiento Nacionalsocialista defiende un cristianismo positivo sin atarse a una determinada confesión. En él tiene su puesto tanto el protestante como el católico y el cristiano-alemán."

No tengo nada contra los cristianos, y si alguna vez hice un post mostrando como fueron sus orígenes anti-europeos... era para demostrar mi punto de vista. Pero creo que tanto paganos como cristianos deberían estar unidos en defensa de Europa.

El cripto-masónico Opus Dei es funcional a los intereses de la Judería: el Rabino Jefe de Chile (que es cooperador del Opus Dei) desde 1970 hasta 1990, Ángel Kreiman es miembro del Comité Ejecutivo de la «International Council of Christians and Jews», y desde 1994 preside una fundación educativa para la promoción del diálogo interreligioso y para el estudio conjunto judeo-cristiano.



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