martes, 20 de diciembre de 2016

La Navidad y sus orígenes paganos-indoeuropeos


Navidad proviene de la palabra latina nativitas (natividad) que significa nacimiento y se refiere particularmente al nacimiento de Cristo que es celebrado cada 25 de diciembre, sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se menciona la fecha exacta del nacimiento de Jesús.
Existen diversas teorías sobre su origen al respecto, ya que la celebración de esta fiesta coincide con numerosos cultos paganos indoeuropeos como los que veremos a continuación.


A finales de la época vikinga las celebraciones de Navidad llegaron a ser un gran festival en el cual el Solsticio de Invierno fue amalgamado con las tradiciones de las diversas celebraciones de pleno invierno en toda Europa, como Mitwinternacht, Modrasnach, Midvinterblot, y la celebración del Solsticio teutónico y la Fiesta de los Muertos. Un ejemplo bien documentado de esto es en 960, cuando el rey Haakon I de Noruega, firmó en julio una ley para que se celebrara en la noche del 25 de diciembre, para ajustarla con la celebración cristiana. Para algunas sectas nórdicas los registros de Yule fueron encendidos en honor a Thor, el dios del trueno. La fiesta continuaba hasta que el registro se quemaba, desde tres o hasta doce días. Los indígenas de la tradición islandesa Jol continuaron más allá de la Edad Media, pero fueron condenados cuando la Reforma llegó. La celebración continúa hoy en todo el norte de Europa y en otros lugares de nombre y tradiciones. Para los cristianos, como representante de la natividad de Jesús en la noche del 24 de diciembre, y por otros como una fiesta cultural de invierno en el 24 o para algunos, la fecha del solsticio.


Los germanos y escandinavos celebraban el 26 de diciembre el nacimiento de Frey, dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. En esas fiestas adornaban un árbol perenne que  representaba al Yggdrasil, costumbre que se transformó en el árbol de Navidad, cuando llegó el Cristianismo al Norte de Europa.


Los celtas también celebraban Yule debido a que la festividad fue llevada a territorio celta por invasores noruegos.

Sin embargo también hay registros en los que esta festividad era llamada “Alban Arthuan” en tradiciones druídicas y que vendría a significar algo así como “El solsticio de la batalla del oso”. Alban ("Solsticio") + arth ("oso") + gwan ( "batalla") siendo este animal, sagrado para la diosa-madre. De hecho, se sabe que se depositaban pieles de oso en las cunas de los recién nacidos como símbolo de la protección del Oso de la Gran Madre. La fuerza de este animal y su poder eran un símbolo muy poderoso para los antiguos celtas que llevaban consigo dientes de oso como amuletos.

No es casualidad que los celtas, sobre esta época, acostumbraran a adornar los árboles desnudos y cuyas hojas ya habían caído casi en su totalidad, con guirnaldas y lazos con la firme creencia de que así lo protegían del frío invierno y lo ayudaban a recobrar fuerzas para retoñar en primavera como símbolo de renacimiento y prosperidad.
También existen varias tesis que dicen que, a menudo, en esta festividad de Yule, el pueblo celta encendía fuegos menores o antorchas (en la actualidad encendemos velas) por los que se encontraban lejos, sabiendo que allá donde estuvieran, una llama hermana les respondería bajo el manto gélido de los cielos.
Es más, la costumbre que tenían los celtas de colgar ofrendas de las ramas del Rey Roble destinadas a sus dioses paganos y las antorchas que encendían para representar las almas de sus seres queridos muertos el año anterior, evolucionó en la tradición navideña de poner los regalos a los pies del árbol de Navidad y encender sus luces.

Otro pueblo pagano que celebraba el solsticio de invierno con un significado muy similar al de los vikingos o germanos era el propio Imperio Romano ''cuando el sol vence a las tinieblas y los días empiezan a alagarse''.

Un festival del nacimiento del Sol Inconquistado (o dies natalis Invicti Solis) era celebrado por los romanos el 25 de diciembre. En este respecto, el primer día después de los seis días del estancamiento solar (aparente) del solsticio de invierno, la duración de la primera luz del día comienza a aumentar, como el sol, una vez más, y la salida del sol inicia su movimiento hacia el Norte, lo que era interpretada como el «renacimiento» del sol. invencible, dedicado al dios Apolo. El mitraísmo, religión mistérica expandida con los legionarios por todo el imperio romano, vino a extender este culto.

Sin embargo, en el año 313 en emperador Constantino I decretaba la libertad de culto en el Imperio y el cristianismo dejaba de perseguirse a través del Edicto de Milán y en el año 380 el emperador Teodosio I promulgaba el Edicto de Tesalónica, por el cual el catolicismo se convertía en la religión única y oficial del Imperio.

PD: En la fiesta de las Saturnalias también había orgías y esto por influencia etrusca (decadencia racial).


Como era de esperar, el pueblo romano no se cristianizó de golpe y siguió celebrando sus festividades ancestrales, por lo que a la Iglesia no le quedó otro remedio que llevar a cabo una estrategia de absorción, transformando las costumbres paganas dándoles un nuevo sentido cristiano.

Los romanos salían a la calle a bailar y cantar con guirnaldas en el pelo, portando velas encendidas en largas procesiones. Era una ocasión para visitar a los amigos y parientes e intercambiar regalos. Lo tradicional era regalar fruta, nueces, velas de cera de abeja y pequeñas figuritas hechas de terracota.


El más importante dispensor de regalos moderno es Papá Noel, Santa Claus o Viejito Pascuero. Que es un personaje inspirado en un obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás que vivió en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia (en la actual Turquía) Su fiesta, el 6 de diciembre, es —o era— el gran día infantil de los regalos en gran parte de Centroeuropa, donde la llegada de San Nicolás/Santa Claus marca el inicio del periodo de Adviento. Una y otra figura, la del santo y la del dispensador de regalos, responden, evidentemente, a orígenes distintos. 

En la figura de Papá Noel confluyen los rasgos del paternalismo, la bondad, el banquete y el descenso por la chimenea, entre otros elementos característicos de las figuras antes mencionadas. Muchos piensan que la moda de Papá Noel forma parte del colonialismo cultural norteamericano. Ésto es verdad sólo por lo que respecta a los años recientes, porque, en realidad, Papá Noel no es un invento norteamericano (allí se llama Santa Claus, y es también importado de Europa), sino que procede de Alsacia. En 1871, tras la firma del Tratado de Frankfurt que ponía fin a la guerra franco-alemana, en Alsacia y Lorena se produjo una verdadera diáspora humana (y, por tanto, cultural) que parece estar detrás de muchas actuales costumbres navideñas. Papá Noel es una de ellas, aunque no falta quien le atribuye un origen normando. Según explica F.X. Weiser, “tras el nombre de Santa Claus se oculta la figura del dios pagano germánico Thor, ya que este viajaba en un carro tirado por dos machos cabríos mágicos llamados Tanngrisnir y Tanngjóstr. Razón por la cual en el siglo XIX la cabra se convirtió en la portadora de los regalos en Escandinavia – probablemente como reminiscencia de aquella cabra que habría portado las ofrendas – y con el tiempo acabó derivando en las figuras de San Nicolás, Papá Noel o Santa Claus, que en los países nórdicos se llama Jultomten, Julenisse o Joulupukki.




En fin, la Navidad es un antiguo rito pagano, hondamente religioso (sólo los ignorantes pueden negar la existencia de una religiosidad pagana), que el cristianismo, en Europa, adoptó con toda naturalidad, generalmente forzada por el sentido popular de lo sagrado, del mismo modo que el catolicismo europeo hizo suyos gran número de elementos rituales y significados sacros de los pueblos que llenaban este continente antes de que hiciera su aparición Jesús de Nazaret. Tienen razón quienes hoy se lamentan por la pérdida del sentido originario de la Navidad. Pero no por esa presunta “paganización” que tanto denuncian los curas —ésta ha existido siempre, mucho antes de que el cristianismo hiciera acto de presencia—, sino por la comercialización rampante de los usos navideños. No es el Sol Invicto quien va a matar a Jesús (ni viceversa) el 25 de diciembre, sino que es Mammon, aquel dios abyecto del dinero que tanto execrara Ezra Pound, quien parece haber exterminado a los dos. Quizás ocurre que para los pueblos europeos el Sol ya se ha puesto definitivamente en un solsticio apocalíptico; nunca más volverá a salir.

Pero, no, el Sol siempre vuelve a salir; el Sol volverá. Éso es lo que significa la Navidad. Y ésto es lo que algunos, fieles a todas nuestras raíces, hemos celebrado estos últimos días.

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