martes, 28 de junio de 2016

El Reino Patagónico del judío Popper: un antecedente del Plan Andinia.


Julio Popper o Julius Popper, nació el 15 de diciembre de 1857 en Bucarest, Rumania y murió en 1893, en Buenos Aires. Fue un ingeniero judío nacido en Rumania. Nacionalizado argentino, es famoso por ser responsable del genocidio del pueblo ona.

Hijo de Naftalí Popper, rector del primer colegio hebreo de la ciudad y fundador del diario Timpul, órgano de la colectividad judeo-búlgara y Peppi (Perla), ambos judíos procedentes de Polonia. A los 17 años dejó la casa paterna para estudiar en París, en la Universidad Politécnica, en la Escuela Nacional de Puentes y Rutas, donde se graduó como Ingeniero en Minas. Manejó varios idiomas: rumano, griego, Yídish, francés, alemán, latín y un perfecto español.

Emigración hacia América del Sur

En 1885 llegó a Buenos Aires, teniendo pleno conocimiento del descubrimiento de oro en el extremo sur continental de Argentina, hoy Provincia de Santa Cruz, más precisamente en la famosa zona de"zanja a pique", sin perder de vista estas manifestaciones auríferas y por lógica deducción geológica y minera, Popper arriba a la Isla Grande de la Tierra del Fuego, con un grupo de expedicionarios en septiembre del año 1886, descubriendo en esa oportunidad el más importante yacimiento aurífero que registró la actividad minera en territorios australes sobre el litoral Atlántico, ubicado sobre la espiga que prácticamente encierra por el extremo norte a la Bahía San Sebastián y que el denominó con acertada justicia El Páramo (Chile). Durante su viaje exploratorio se encargó de poner nombres (topónimos) a los lugares, ríos, y accidentes geográficos que iba encontrando, y registrándolos en sus mapas (un ejemplo que aún hoy tiene vigencia es el de mar Argentino.

Popper tenía la visión geopolitica de crear un pueblo como modo de afirmar la Soberanía Argentina, que llamó Atlanta, cerca de donde hoy se encuentra la ciudad de Río Grande. Este poblado iba a constituir el puerto de entrada hacia la Antártida en 1890, con todos los servicios que debía tener un puerto. De este proyecto "Atlanta", Popper escribió y editó seis ejemplares, numerados y firmados por él, de los cuales el Museo del Fin del Mundo posee el número dos.

De regreso en Buenos Aires, en 1887, dio una conferencia en el Instituto Geográfico Argentino, entidad preexistente que dio origen al Instituto Geográfico Militar Argentino, su disertación científica entusiasmó tanto a los presentes que de ella salió como resultado la fundación de la Compañía Anónima Lavaderos de Oro del Sur y, en la primavera de 1887, Julio Popper regresa a Tierra del Fuego con los papeles que lo habilitaban para explotar los yacimientos de arenas auríferas que pudiera encontrar.
Genocidio Ona


Popper es frecuentemente mencionado entre los "cazadores de indios" que formaron parte de la campaña de exterminio de la población autóctona de la Patagonia.


Se desconoce la cantidad de indios que habría matado, pero las pruebas apuntan a que sí intervino en las cacerías y sí tomo parte en el genocidio.


La principal evidencia contra Popper son varias fotografías regaladas por él al Presidente de Argentina de entonces, que lo muestra en plena actividad de cacería. En primer plano aparece un ona, tendido en el suelo, con su arco en una mano, y detrás Popper y sus hombres apuntando con sus rifles a lo que, supondríamos, son otros, blancos.


Popper mismo la mostró en una exposición en el Instituto Geográfico Militar, donde explicó que en el "enfrentamiento" murieron dos indios.


Pero el nombre de Popper aparece frecuentemente mencionado entre los cazadores de indios, junto con el de Alejandro Maclennan, "Mister Bond" y otros.


Mercenarios de Julius Popper disparando mientras en el suelo esta el cadáver de un Selknam.


El judío Popper en una de sus incursiones. A sus pies, yace un ona asesinado. La foto corresponde a un álbum que Popper obsequió al Presidente Juarez Celman. Una vez concluida la Conquista del Desierto, estancieros, buscadores de oro y particulares lanzaron una campaña de exterminio contra la población indígena de Tierra del Fuego.







Mercenarios de Julius Popper saquean una tienda Selknam mientras otros disparan a mansalva contra los que huyen.







"El rumano Julio Popper ya lo conocemos por sus correrías en pos de nuevas minas de oro. Se interesó por esta sangrienta ocupación cuando su empresa minera quedó estancada y quiso resarcirse de sus fracasos con un trabajo remunerativo al servicio de patrones cuyo vehemente anhelo era la eliminación de los aborígenes. Cuando los europeos hicieron su posición cada vez más insostenible, Popper recurrió al gobierno de Buenos Aires. Entre otras cosas, tuvo la osadía de defender con hábil charlatanería a los aborígenes, para distraer la atención de los graves cargos que se le imputaban por maltratar a sus peones, durante una conferencia pública que tuvo lugar el 27 de julio de 1891. En la misma oportunidad presentó, con espeluznantes detalles, un cuadro de las violaciones, ultrajes y asesinatos que fueron cometidos por la chusma europea. Es cierto que describió, sin tapujos, la realidad de aquellos horripilantes acontecimientos que clamaban al cielo, y también es cierta su defensa de los aborígenes: "La injusticia no está del lado de los indios... Los que hoy día atacan la propiedad ajena en aquel territorio, no son los onas, son los indios blancos, son los salvajes de las grandes metrópolis". ¡Qué graves palabras! A pesar de ellas, tuvo él considerable participación en la terrible calamidad de que "el dominio absoluto del indio Ona se ha convertido en recipiente de hombres arrojados de todos los países de Europa, en teatro del vandalismo de grupos de desertores, deportados y bandidos de todas las razas". No tuvo vergüenza de hacer fotografiar una matanza de indios durante la cual él, apuntando con su fusil, capitaneaba a sus malandrines con idénticas intenciones: en primer plano yace el cadáver de un hombre vencido, mientras que las armas se dirigen contra las mujeres y niños que huyen; él mismo observa la caída de los mortalmente heridos. El aspecto de este grupo causa estupor y espanto."

Martin Gusinde

"Antes de que se arrojaran sobre esta tierra como vampiros los así llamados civilizados, la vivienda kawyi común era el paravientos de cueros cosidos. Éstos y las pieles eran raspados y pintados por dentro con akel, las mujeres confeccionaban bolsas de piel de foca para recoger agua, de juncos entretejidos para llevar objetos, y una escalerilla con suave piel ablandada para transportar e instalar a sus niños de pecho. En los siglos XVIII y XIX a los balleneros noruegos, suecos y otros, se sumaron los buscadores de pieles de guanaco y zorro, los anglosajones cazadores de pingüinos y los loberos norteamericanos. Algunos llegaron a envenenar los restos de animales que sacrificaban para obtener piel y grasa, contribuyendo así a la eliminación de nuestros nativos. Hasta 1880 entre los ONAS y YAMANAS sobrevivían alrededor de 4.000 personas. Por entonces, los europeos comenzaron a quedarse. Uno de ellos fue Julius Popper, judío rumano, que ingresó a la masonería y organizó desde Buenos Aires una compañía para obtener oro en el sur, donde instaló varios lavaderos del metal que por Punta Arenas enviara a Hamburgo. Llegó a acuñar moneda propia y a hacer circular una estampilla privada por el correo oficial junto a sus soldados-peones yugoslavos y austríacos que hasta recibieron sueldos como policías argentinos; se entretenía en cazar Onas con escopetas y fusiles, fotografiándose con las "piezas cobradas". Capatazes y peones ingleses, escoceses,irlandeses e italianos, fueron los `cazadores de indios´ que como Mac Lennan o `chancho colorado´, pusieron el precio de una libra por testículos y senos, y media libra por cada oreja de niño. Después Menéndez Behetty utilizó el mismo sistema de exterminio con los tehuelches."

Alfredo Magrassi, en Los aborígenes de la Argentina

FUENTES


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