miércoles, 23 de septiembre de 2015

El Talmud DESENMASCARADO


INTRODUCCIÓN

El nombre TALMUD proviene del vocablo LAMUD ‑enseñanza‑, cuyo significado es La Enseñanza. Mediante la metonimia se lo emplea para significar el libro que contiene la Enseñanza, enseñanza que lleva el nombre de Talmud, o sea, el libro doctrinario que por sí solo expone y explica completamente toda la ciencia y enseñanza del pueblo judío.
Con respecto al origen del Talmud, los rabinos lo consideran a Moisés como su primer autor. Ellos sostienen que, además de la ley escrita sobre tablas de piedras que Moisés recibió de Dios en el Monte Sinaí, que lleva el nombre de Torah Schebiktab, recibió también las interpretaciones de la misma, o sea la ley oral, que lleva el nombre de Torah Shebeal Peh. Ellos afirman que ese es el motivo por el cual Moisés permaneció tanto tiempo en el monte, por cuanto Dios le pudo haber entregado la ley escrita en un día.

Se dice que Moisés transmitió esta ley oral a Josías; Josías a su vez la transmitió a los setenta ancianos; estos ancianos a los profetas, y los profetas a la Gran Sinagoga. Se afirma que posteriormente fue transmitida en forma sucesiva a ciertos rabinos hasta que no fue posible retenerla más oralmente.

Dígase lo que se diga sobre esta historia de los rabinos, es suficientemente conocido que antes del nacimiento de Cristo, existían en Palestina colegios en los que se enseñaba literatura sagrada. Las interpretaciones de los doctores de la ley se registraban sobre cartas y listas como una ayuda memoria, las que una vez recopiladas, constituyeron los comienzos del Talmud.

En el siglo segundo después de Cristo, el rabino Jehuda, llamado El Santo y El Príncipe, advirtiendo que la ciencia de los judíos disminuía, que su ley oral se estaba perdiendo, y que los judíos se estaban dispersando, fue el primero en considerar los medios de restaurar y preservar su ley oral. Recopiló todas las listas y cartas y formó, de éstas, un libro que se llamó el Sehper Mischnaioth, o Mischnah, un Deuterosis, o segunda ley. Lo dividió en seis partes, las que fueron a su vez divididas en muchos capítulos. Esto lo analizaremos más adelante.

El Mischnah es el fundamento y la parte principal de todo el Talmud. Este libro fue aceptado en todas partes por los judíos y fue reconocido como el auténtico código de la ley. Fue explicado en sus Academias de Babilonia ‑Sura, Pumbaditha y Nehardea‑ y en sus Academias de Palestina ‑Tiberias, Iamnia y Lydda.

A medida que con el correr del tiempo se acrecentaban las interpretaciones, se registraban las polémicas y resoluciones de los doctores de la ley en lo concerniente al Mischnah. Estos escritos pasaron a formar parte del Talmud bajo el nombre de Gemarah.

Estas dos partes están dispuestas de tal modo a través de todo el Talmud, que el Mischnah sirve primeramente como una especie de texto de la ley, siguiéndole el Gemarah como un análisis de las diversas opiniones que conducen a las resoluciones definitivas.

Sin embargo, no todos los preceptos del Mishnah fueron discutidos en los colegios judíos. No se hacían comentarios de aquellos preceptos que fueron anulados debido a la destrucción del Templo y de los que se podían observar únicamente en Tierra Santa. Su explicación se dejó para la venida de Elías y del Mesías. Es por este motivo que algunos pasajes del Mischnah faltan en el Gemarah.

En la interpretación del Michnah del Rabino Jehuda, las escuelas de Palestina y Babilonia siguieron cada una sus propios métodos, y así de este modo, siguiendo cada una su propio camino, dieron nacimiento a un Gemarah doble: las versiones de Jerusalén y las de Babilonia. El autor de la versión de Jerusalén fue el Rabino Jochanan, quien presidió la sinagoga de Jerusalén durante ocho años. Escribió treinta y nuevo capítulos de comentarios sobre el Mischnah el que fue completado en el año 230 D.C.

El Gemarah babilónico, sin embargo, no fue compilado por una sola persona, ni tampoco en una sola época. El Rabino Aschi lo comenzó en el año 327 D.C. y dicha tarea le llevó sesenta años. Le siguió el Rabino Maremar alrededor del año 427 D.C., y lo completó el Rabino Abina alrededor del año 500 D.C. El Gemarah babilónico contiene treinta y seis capítulos explicativos.

Este doble Gemarah agregado al Mischnah forman también un doble Talmud: la versión de Jerusalén, que, debido a su brevedad y vaguedad no se la utiliza mucho; y la versión babilónica, que ha sido tenida siempre en el más alto de los conceptos por los judíos de todas las épocas.

Al Gemarah le siguen agregados que llevan el nombre de Tosephoth. Así fue como el Rabino Chaia primeramente denominó sus opiniones sobre el Mischnaioth. El y el Rabino Uschaia fueron los primeros en explicar este libro públicamente en los colegios. Los comentarios sobre el Mischnah realizados por los doctores fuera de los colegios llevaron el nombre de Baraiethoth, u opiniones externas.

Estos Comentarios fueron más adelante completados por otros que se llamaron Piske Tosephoth, tesis breves y principios simples.

Por el término de casi quinientos años después de haberse completado el Talmud babilónico, el estudio de la literatura se hizo muy difícil, en parte debido a las calamidades públicas y en parte debido a desacuerdos surgidos entre los maestros. Pero en el siglo once fueron agregados al Talmud nuevos escritos de otros rabinos. El principal de éstos fue el Rabino Ascher.
Además de éstos hizo su aparición el Perusch del Rabino Moische ben Maimon, a quien los judíos para abreviarlo le dieron el nombre de Rambam, los cristianos lo llamaban Maimónides y el Rabino Schelomo, Iarchi o Raschi.


Es así como el Mischnah, el Gemarah, el Tosephot, las notas marginales del rabino Ascher, el Piske Tosephoth y el Perusch Hamischnaioth de Maimónides, recopilados todos en uno, forman parte de una vasta obra que lleva el nombre de El Talmud.

Las partes principales del Talmud, son seis:

I. ZERAIM: concerniente a las semillas. Trata sobre las semillas, frutas, hierbas, árboles sobre el uso público y doméstico de las frutas, sobre las distintas semillas, etc.

II. MOED: concerniente a las festividades. Trata sobre el tiempo en que deben comenzar, finalizar y celebrar el Sabath y otras festividades.

III. NASCHIM: concerniente a las mujeres. Trata sobre el matrimonio y el repudio de las esposas, sus deberes, relaciones, enfermedades, etc.

IV. NEZIKIN: concerniente a los daños Trata sobre los daños que los hombres y animales deben sufrir, las penalidades y compensaciones.

V. KODASCHIM: concerniente a lo sagrado. Trata sobre los sacrificios y los distintos ritos sagrados.

VI. TOHOROTH: concerniente a las purificaciones. Trata sobre la suciedad y purificación de las embarcaciones, ropa de cama y otras cosas.

Cada una de estas seis partes llamadas por los judíos Schishah Sedarim ‑seis preceptos u ordenanzas‑ están divididas en libros o tratados que llevan el nombre de Massiktoth, y los libros en capítulos, o Perakim.

***

I. ZERAIM. Contiene once Libros o Masechtoth.

1.BERAKHOTH ‑ Bendiciones y oraciones. Trata sobre ritos, litúrgicos.

2.FEAH ‑ Monopolio de un campo de cultivo. Trata sobre el monopolio y el espigueo de los campos de cultivo ... los olivos y la vid deben dejarse a los pobres.

3.DEMAI ‑ Cosas dudosas. Si se deben pagar o no los diezmos sobre las mismas.

4. KILAIM ‑ Mezclas. Trata sobre las distin­tas mezclas de semillas.

5. CHEBIITH ‑ El Séptimo. Trata sobre el Año Sabático.

6.TERUMOTH ‑ Ofrendas y Oblaciones. Las ofrendas elevadas por los sacerdotes.

7. MAASEROTH ‑ Los Diezmos que se deben entregar a los Levitas.

8. MAASER SCHENI ‑ El Segundo Diezmo.

9.CHALLAH ‑ La Levadura, la porción que de la misma se debe dar a los sacerdotes.

10. ORLAH ‑ Los Incircuncisos. Trata sobre los frutos de un árbol en sus primeros tres años después de haber sido plantado.

11. BIKKURIM ‑ Los Primeros Frutos deben ser llevados al Templo.

II. MOED. Contiene doce Libros o Masechtoth.

1. SCHABBATH ‑ El Sabath. Trata sobre los trabajos que están prohibidos en ese día.

2.ERUBHIN ‑ Combinaciones. Contiene los preceptos sobre la comida de la víspera del Sabath.

3.PESACHIM ‑ Pascua. Trata sobre las leyes relacionadas con la Festividad de la Parasceve y el Cordero Pascual.

4. SCHEKALIM ‑ Siclo. Trata del tamaño y peso del siclo.

5.JOMA ‑ El Día del Perdón. Trata sobre los preceptos para ese Día.

6. SUKKAH ‑ El Tabernáculo. Trata sobre las leyes concernientes a la festividad de los Tabernáculos.

7. BETSAH ‑ El Huevo del Día de la Festividad. Trata del tipo de trabajo que está prohibido y permitido en las festividades.

8. ROSCH HASCHANAH ‑ Año Nuevo. Trata sobre la Fiesta del Año Nuevo.

9.TAANITH ‑ Ayunos. Trata sobre los ayunos públicos.

10.MEGILLAH ‑ El Pergamino. Trata sobre la lectura del Libro de Esther. Contiene la descripción de la Festividad del Purim.

11.MOED KATON ‑ Festividad Menor. Trata sobre las leyes relacionadas con los días intermedios entre los primeros y los últimos días del Pesach y del Succoth.

12.CHAGIGAH ‑ Comparación (confrontación) de los ritos de las tres festividades de Pesach, Sukkoth y los Tabernáculos.

III. NASCHIM. Contiene siete Libros o Masenchtoth:

1.JEBBAMOTH ‑ Hermanas Políticas. Trata del matrimonio Levirato.

2.KETHUBOTH ‑ Acta matrimonial. Trata sobre los convenios matrimoniales y bienes gananciales.

3.KIDDUSCHIN ‑ Esponsales.

4.GITTIN ‑ Opúsculo sobre los Divorcios.

5.NEDARIM ‑ Votos. Trata sobre los votos y su anulación.

6.NAZIR ‑ El Nazareno. Trata sobre las leyes concernientes a los Nazarenos y a todos aquellos que se separan del mundo y se consagran a Dios.

7.SOTAH ‑ La Mujer sospechosa de adul­terio.

IV. NEZIKIN. Contiene diez Libros o Masechtoth.

1.BABA KAMA ‑ La Primera Puerta. Trata so­bre los Daños e Injurias y sus remedios.

2.BABA METSIA ‑ La Puerta Intermedia. Trata sobre las leyes concernientes a la propiedad, al fideicomiso, a la compra y venta, a los préstamos, al alquiler y rentas.

3.BABA BATHRA ‑ La Ultima Puerta. Trata sobre las leyes concernientes a los bienes raíces y al comercio, basado en su mayor parte en la ley tradicional. También trata sobre lo concerniente a la sucesión hereditaria.

4.SANHEDRIN ‑ Cortes. Trata sobre las cortes y sus procedimientos, y el castigo de los crímenes capitales.

5.MAKKOTH ‑ Flagelos. Los 40 flagelos (me­nos uno) infligido a los criminales.

6.SCHEBUOTH ‑ Votos. Trata sobre las dis­tintas clases de votos.

7.EDAIOTH ‑ Testimonios. Contiene un conjunto de leyes y resoluciones extraídas de los testimonios de distinguidos maestros.

8. HORAIOTH ‑ Fallos. Trata sobre las sentencias de los jueces y sobre el castigo de los transgresores.

9.ABHODAH ZARAH ‑ Idolatría.

10.ABROTH ‑ Padres. Trata sobre las leyes de los padres. Lleva también en nombre de PIRKE ABHOTH.

V. KODASCHIM. Contiene once Libros o Masechtoth.

1.ZEBBACHIM ‑ Sacrificios. Trata sobre los sacrificios de los animales y de la manera cómo son ofrecidos.

2.CHULIN ‑ Cosas Profanas. Trata sobre la manera tradicional de la matanza de los animales para uso ordinario.

3.MENACHOTH ‑ Ofrecimiento de carne. Trata sobre los ofrecimientos de carne y bebida.

4.BEKHOROTH ‑ El Primogénito. Trata sobre las leyes concernientes a los primogénitos nacidos de hombre y de animal.

5.ERAKHIN ‑ Estimaciones. Trata sobre la forma en que las personas dedicadas al Señor mediante un voto son legalmente justipreciadas a fin de ser redimidas.

6. TEMURAH ‑ Canje. Trata sobre la ley concerniente al canje de los objetos sagrados.

7.MEILAH ‑ Violación, Sacrilegio. Trata sobre los pecados de violación o profanación de objetos sagrados.

8.KERITHUTH ‑ Excisiones. Trata de los pecados que se hallan sujetos al castigo de excisión, y su expiación mediante sacrificios.

9.TAMID ‑ Sacrificio Diario. Describe los servicios del Templo en lo referente a las ofrendas diarias de la mañana y de la tarde.

10.MIDDOTH ‑ Dimensiones. Describe el Templo y sus dimensiones.

11.KINNIM ‑ Los Nidos de los Pájaros. Trata sobre los sacrificios consistentes en aves, las ofrendas de los pobres, etcétera.

VI. TOHOROTH. Contiene doce Libros o Masechtoth.

1.KELIM ‑ Naves. Trata sobre las condiciones en que los utensilios domésticos, vestimenta, etc., reciben una limpieza ritual.

2. OHOLOTH ‑ Carpas. Trata sobre las carpas y viviendas y cómo son contaminadas y purificadas.

3.NEGAIM ‑ Plagas. Trata sobre las leyes re­lacionadas con la lepra.

4.PARAH ‑ El Novillo. Trata sobre las leyes concernientes al novillo y el uso de sus cenizas para la purificación de los impuros. 

5. TOHOROTH ‑ Purificaciones. Trata sobre los grados menores de impureza cuya duración es solamente hasta la entrada del sol.

6. MIKVAOTH ‑ Pozos. Trata sobre las condiciones en que los pozos y cisternas son aptos para ser utilizados en las purificaciones rituales.

7. NIDDAH ‑ Menstruación. Trata sobre la impureza legal proveniente de ciertas condiciones en las mujeres.

8. MAKSCHIRIN ‑ Preparaciones. Trata sobre los líquidos que preparan y disponen a las semillas y frutas a recibir las impurezas rituales.

9.ZABHIM ‑ Concerniente a la polución noc­turna y a la gonorrea. Trata sobre las impurezas provenientes de tales secreciones.

10. TEBHUL JOM ‑ El aseo diario.

11.IJADAIM ‑ Las manos. Trata sobre el ritual de la impureza de las manos, de acuerdo a la ley tradicional, y de su purificación.

12.OKETSIN ‑ Tallos de la fruta. Trata sobre los tallos y cáscaras de la fruta como portadores de la impureza ritual.

El Talmud completo contiene 63 libros distribuidos en 524 capítulos. Además de éstos existen otros cuatro breves tratados más que no han sido incluidos en el Talmud corriente. Fueron agregados por posteriores escritores y expositores.

Estos cuatro son:

MASSEKHETH SOPHERIM ‑ El Tratado de los Escribas. Trata en qué forma se deben escribir los libros de la ley. Consta de 21 capítulos.

EBHEL RABBETI ‑ Un extenso tratado sobre el Duelo. Consta de 14 capítulos.

KALLAH ‑ La Novia. Sobre la adquisición de la novia, sobre sus ornamentos y otras cosas pertenecientes a la misma. Consta de un capítulo.

MASSEKHETH DREKII ERETS ‑ La Conducta en la Vida. Está dividido en RABBAH (partes principales) y ZUTA (partes menores). Consta de 16 capítulos. Al final, se agregó un capítulo especial PEREK SCHALOM (sobre la Paz).

***

Como el Talmud era una obra tan voluminosa y desordenada, era necesario un resumen que facilitara su estudio. A fin de llenar esta carencia, el Rabino Isaac Ben Jacob Alphassi, en 1032, publicó un Talmud más breve, poniéndole el nombre de Halakhoth (Constituciones). Omitió todas las exposiciones extensas preservando todo lo atinente a las cosas prácticas de la vida. No obstante, por carecer de un orden determinado, esta obra no fue considerada de gran valor.

El primero en editar una obra bien ordenada sobre la Ley judía fue Maimónides, a quien llamaban “El Aguila de la Sinagoga". En 1180 produjo su celebrado tratado Mischnah Torah, (Repetición de la Ley), también llamado Iad Chazakah (La Mano Fuerte). Contiene cuatro partes o volúmenes y 14 libros e incluye a todo el Talmud. Maimónides incluyó muchos conceptos filosóficos en esta obra e intentó establecer numerosas leyes propias. Por este motivo fue excomulgado por su pueblo y condenado a muerte. Huyó a Egipto donde murió en el año 1205.

A pesar de esto, posteriormente fue en aumento el valor de su obra, y por algún tiempo, una versión expurgada fue tenida en el más alto concepto por los judíos. El inconveniente de esta obra es que contiene muchas leyes que después de la destrucción del Templo no tuvieron ya más valor.

Una edición de la obra de Maimónides, expurgada de todas las innovaciones filosóficas y de las viejas e inútiles leyes, fue publicada en 1340 por Jacob ben Ascher, estrictamente de acuerdo con las ideas de los Rabinos, titulándolo Arbaa Turin (Las Cuatro Ordenes), que son:

I. ORACH CHAUM: Las semillas de la Vida, y trata sobre la vida diaria en el hogar y en la Sinagoga.

II. OIRE DEAH: Que enseña sobre las comidas, las purificaciones, y sobre otras leyes religiosas.

III. CHOSCHEN HAMMISCHPAT: juicios privados sobre las leyes civiles y criminales.

IV. EBHEN HAEZER: La Piedra de Ayuda, que trata sobre las: leyes del matrimonio.

Habiendo estado Alphasi, Maimónides y Jacob ben Ascher en desacuerdo sobre muchos puntos, lo que dio lugar a distintas interpretaciones de la misma ley, surgió la gran necesidad de un libro que ofreciera soluciones breves y concisas a todas las controversias y brindara al pueblo judío un libro de leyes digno de ese nombre.

Joseph Karo, un Rabino de Palestina (nació en 1488 y falleció en 1577), suplió esta carencia mediante su celebrado comentario sobre el Arbaa Turim, dándole el nombre de Schulcham Arukh (La Mesa Preparada). Pero, no obstante, como las costumbres de los judíos orientales diferían enormemente de los judíos del oeste, ni siquiera el Schulchan Arukh de Joseph Karo bastó para dar satisfacción a todos los judíos. Y por tal motivo el Rabino Mosche Isserles escribió un comentario sobre el Schulchan Arukh titulado Darkhe Mosche (El Camino de Moisés), que tuvo en el oeste la misma aceptación como la obra de Joseph Karo la tuvo en el este.

En la actualidad, el Schulchan Arukh constituye el Código de Ley obligado de los judíos, y lo utilizan principalmente en sus estudios. En cada parte de este libro muchos son los comentarios que se han escrito.

Un punto importante que debe ser destacado es que esta obra ha sido siempre considerada por los judíos como sagrada. Siempre la han considerado y todavía la consideran como más importante que las Sagradas Escrituras. En el propio Talmud se puede ver esto muy claramente:

En el Tratado Babha Metsía, fol. 33a. se lee:

"Aquellos que se dedican a leer la Biblia ejercitan una determinada virtud, pero no mucha; aquellos que estudian el Mischnah ejercitan una virtud por la que serán premiados; pero, no obstante, aquellos que se dedican a estudiar el Gemarah ejercitan la más grande de las virtudes."

Igualmente en el Tratado Sopherim, XV, 7, fol, 13b:

"La Sagrada Escritura se asemeja al agua, el Míschnah al vino, y el Gemarah al vino aromático.”

La siguiente es una opinión muy conocida y sumamente elogiada en los escritos de los Rabinos:

"Hijo mío, presta atención a las palabras de los escribas antes que a las palabras de la Ley.” 

El motivo de esto se encuentra en el Tratado Sanhedrin, X, 3, f. 88b:

"Aquel que quebranta las palabras de los escribas peca más gravemente que aquellos transgresores de las palabras de la ley."

Igualmente cuando existen diferencias de opiniones entre la Ley y los doctores, ambos deben ser tomados como las palabras del Señor Dios.

En el Tratado Erubhin, f. 13b, donde se relata que existió una diferencia de opiniones entre las dos escuelas de Hillel y Schamai, concluye que:

"La palabra de ambos son las palabras del Viviente.”

En el libro Mizbeach, cap. V, encontramos la siguiente afirmación:

"No existe nada superior al Sagrado Talmud."

Los defensores contemporáneos del Talmud se expresan acerca de él de la misma manera.)

El pensamiento de los cristianos acerca del Talmud está comprobado ampliamente por los numerosos Edictos y Decretos que se han publicado sobre el mismo, por medio, de los cuales las autoridades supremas de la Iglesia, y el Estado lo han proscripto muchas veces y han condenado sea arrojado al fuego este sagrado Código Secundario de la Ley de los judíos.


En el año 553 el Emperador Justiniano prohibió en todo el Imperio Romano la divulgación de los libros Talmúdicos. En el siglo 13 "Los Papas Gregorio IX e Inocencio IV condenaron a los libros del Talmud por contener toda clase de vilezas y blasfemias en contra de los verdaderos cristianos, y ordenaron se quemaran por cuanto divulgaban muchas horribles herejías".(15)


Posteriormente fueron condenados por otros muchos Pontífices Romanos: Julio III, Pablo IX, Pío IV, Pío V, Gregorio XIII, Clemente VIII, Alejandro VII, Benedicto XIV, y por otros Papas que hicieron publicar nuevas ediciones del Index de Libros Prohibidos de acuerdo a lo ordenado por los Padres del Concilio de Trento, e incluso en la época actual.






Al comienzo del siglo 18, cuando la paz de la Iglesia se vio alterada por nuevas religiones, los judíos comenzaron a distribuir públicamente el Talmud ayudados por la imprenta, recientemente inventada. La primera edición impresa íntegra del Talmud, conteniendo todas las blasfemias contra la religión cristiana fue publicada en Venecia en el año 1520. Y la mayoría de los libros judíos, favorable a ellos, que fueron publicados en ese siglo, están completos y son auténticos.






Hacía el final del siglo 16 y comienzos del siglo 17, en la época en que muchos hombres famosos se dedicaron con toda diligencia al estudio del Talmud, los judíos temiendo por sí mismos, comenzaron a expurgar las partes del Talmud que abiertamente eran hostiles hacia los cristianos.






Y en un Sínodo en Polonia en el año 1631, los Ra­binos de Alemania y de otros países declararon que nada que pudiese molestar a los cristianos y ser un motivo de persecución para Israel, debía imprimirse. Con tal motivo existen indicios que en los libros ju­díos faltan muchas cosas que luego fueron publicadas a partir del siguiente siglo. Los Rabinos explican de memoria el significado de estas cosas, por cuanto ellos poseen los libros auténticos que los cristianos rara­mente pueden ver.






No obstante, los libros judíos fueron publicados posteriormente en Holanda (país que recibía muy gentilmente a los judíos expulsados de España) con muy pocas mutilaciones. El Talmud que se publicó allí en 1664‑1648 es casi similar a la edición veneciana.






El último recurso inventado para engañar a los censores fue insertar la palabra haiah (fue) al texto auténtico, como, indicando que alguna vez el asunto de referencia figuró allí. Pero con esto sólo logran "lavar la taza por afuera nada más". Ya que en muchos


pasajes muestran bien a las claras lo que quieren sig­nificar, ex. gr. mediante las palabras gam attah, “ aún ahora”, viz. “esta ley obliga”; y aphilu bazzeman hazzeh “aun hasta el día de hoy” viz. esta ley sostiene” y semejantes cosas parecidas.






Debemos agregar algunos breves comentarios sobre ese otro libro judío muy conocido, denominado el ZOHAR.






Según algunos Rabinos, Moisés, después de haber sido instruido sobre la interpretación de la ley en el Monte Sinai, no transmitió esta información a Josué ni tampoco a los sesenta Ancianos, sino a Aaron, quien la transmitió a Eleazar, y así sucesivamente hasta que las enseñanzas por vía oral fueron recopiladas en forma de libro, llamado, el ZOHAR, que deriva del nombre ZEHAR, que significa brillar hacia adelante, por cuanto es una aclaración de los libros de Moisés, un comentario sobre el Pentateuco.






Se dice que su autor fue R. Schirmeon ben Jochai, un discípulo de R. Akibha quién, 50 años después de la destrucción del Templo, en la guerra de Adriano contra los judíos, terminó su vida como un mártir alrededor del año 120 A. C. Sin embargo, como figuran en este libro muchos nombres de hombres que vivieron muchos siglos después del año mencionado, y desde el momento que ni Rambam (R. Mosche ben Nachman), ni R. Ascher, quien falleció en el año 1248 A.C., no lo mencionan; es más probable que estén más cerca de la verdad aquellos que afirman que el libro de Zohar vio por primera vez la luz alrededor del siglo 13. Se considera esto especialmente probable por cuanto alrededor de esta época apareció un libro similar en argumento y estilo al tipo de escritura Chaldaic.






Muchos otros libros fueron publicados por los maestros judíos que se utilizan para el estudio de la ley judía, los que son muy apreciados, por cuanto explican muchos pasajes oscuros del Talmud. Algunos de los cuales se mencionan en este libro y son los siguientes:


BIAR ‑ Declaración, elucidación. Comentario sobre otro Comentario. Estas declaraciones difieren unas de otras.






HALMH0TH ‑ Escrito generalmente HIL KHOTH, Decisiones o Disertaciones. Libros separados de las Sagradas Escrituras y del Talmud de distintos Rabinos: Maimónides, Beshai, Edels, Moisés de Kotzen, Kimchi y otros. En la mayoría de los casos las citas son del HILKHOTH AKUM de Maimónides. Contienen estas citas disertaciones sobre las estrellas y los planetas y sobre el status de las naciones. Existe otra disertación - HILKHOTH MAAKHALOTH ASA. VOROTH‑ sobre las comidas prohibidas.


IUCHASIN o SEPHER IUCHASIN ‑ Disertaciones sobre el linaje. Trata sobre la historia sagrada y la de los judíos desde el principio del mundo hasta el año 1500. Fue impreso en Cracow, en 1580.


JALKUT ‑ Una recopilación de comentarios de diversos libros antiguos. Se presume no tener éstos un significado literal sino alegórico. Autor: Rabino Shimeon de Frankfurt.


KED HAKKEMACH ‑ Tonel de harina. Contiene por orden alfabético los lugares de las comunidades teológicas. Autor: Rabino Bechai de Lublin.


MAGEN ABRAHAM ‑ Escudo de Abraham. Autor: Perizola.


MIZBEACH HAZZAHABH ‑ El Altar Dorado. Un libro cabalístico: R. Schelomon ben Rabbi Mordechai. Impreso en Basle, en 1602.


MACHZOR ‑ Un Cielo. Libro de Oraciones utilizado en las grandes festividades.


MENORATH HAMMAOR ‑ Candelero de luz. Un libro talmúdico. Contiene el Agfadoth y el Medraschim, por ej, comentarios alegóricos e históricos basados íntegramente en el Talmud. Autor: Rabino Isaac Abhuhabh. Impreso en 1544.


MAIENE HAIESCHUAH ‑ Fuentes del Salvador. Un comentario agudo sobre Daniel por el Rabino Isaac Abarbaned. Figuran muchas disputas con los cristianos. Impreso en 1551.


MIKRA GEDOLAH ‑ La Gran Asamblea. Una Biblia hebrea con comentarios por R. Salomon Iarch y R. Ezra.


MASCHMIA IESCHUAH ‑ El Predicador de la Salvación. Explicaciones sobre todos los Profetas. Sobre la futura redención. Autor: R. Abarbanel.


NIZZACHON ‑ Victoria. Ataca a los Cristianos y a los Cuatro Evangelios. Autor: Rabino Lipman. Impreso en 1559.


SEPHER IKKARIM ‑ Libro sobre los fundamentos o artículos de la fe. Contiene un ataque muy encarnizado contra la fe cristiana.


EN ISRAEL ‑ El Ojo de Israel. Un libro célebre. Contiene una segunda parte ‑BETH JAKOBH‑, la Casa de Jacob. Abarca las más deleitables historias talmúdicas. Impreso en Venecia, en 1547.


SCHAARE ORAH ‑ Las Puertas de la Luz. Un libro Cabalístico muy famoso. Autor: Ben Joseph Gekatilia.


SCHEPHAA TAL ‑ Abundancia de Rocío. Un libro Cabalístico. Una guía‑clave al libro de Zohar y otros libros similares. Autor: Rabino Schephtel Horwitz de Praga.


TOLDOTH IESCHU ‑ Las Generaciones de Jesús. Un pequeño panfleto de blasfemias y maldiciones. Contiene la historia de Cristo. Lleno de manifestaciones falsas y engañosas.







ANTECEDENTES EN LA MASONERÍA


Una tumba masónica con la Estrella de David y la letra G que simboliza a Dios para la Masonería. Abajo la relación con el símbolo de la Escuadra y el compás.







Lo que sí se puede afirmar igualmente y sin el menor temor a errar, es que los dogmas filosóficos y rituales de la Cábala, se fueron transmitiendo hasta nuestros días a tra­vés de la masonería, la que los mantiene igual que hace siglos. Ha de hacerse notar que la masonería, tal como la conocemos actualmente, afloró en el año 1717 en Inglate­rra, mas, es muy anterior, puesto que nació de una secta secreta fundada por nueve judíos en el año 43 después de Cristo, bautizada con el nombre de La Fuerza Misteriosa, con dos propósitos principales: El primero, combatir a los nazarenos de creciente expansión, y contrariar sus predicaciones. Y el segundo, conservar la influencia polí­tica israelita.


En medio del confusionismo existente, o que pretende crearse, sobre el origen de la masonería, creemos que es decisivo lo que al respecto dio a conocer el judío brasileño de procedencia rusa, Jorge Samuel Laurant, bajo el titulo: La Disipación de las Tinieblas o el Origen de la Masone­ría. Este Laurant, descendiente de uno de los nueve judíos fundadores de la secta, fue el último heredero y deposita­rio de esta historia familiar, la cual vino recogiéndose por sus antepasados con anotaciones sobre uno de los mismos documentos originales de la fundación, y fue publicada por primera vez a finales del siglo XIX, en francés, después vertida al árabe y turco, por el libanés ortodoxo Awad Khoury, con la mediación del entonces presidente de la República de Brasil, Doctor Prudente José de Moraes Ba­rros (1841 - 1902), de quien Khoury era el "Encargado de Negocios privados de S.E. o présidente da República dos Estados Unidos do Brazil"; y más recientemente traducida al español por Ivan Zodca, en la Argentinaen 1962.


Los nombres de los otros herederos o depositarios de aquel pacto secreto, de los ochos restantes fundadores, todavía se desconoce.


El bisabuelo de dicho Laurant, que ya se había conver­tido al cristianismo protestante por influencia de su espo­sa, y decidido a desvelar este misterio, fue asesinado, sin que posteriormente pudiese descubrirse jamás al autor o autores. Resulta curioso leer en tal libro, lo que dejó escrito un judío que llegó a alcanzar la más alta graduación masónica: "Sin embargo, el esclavo conoce a su amo, pero nosotros, en cambio, no conocemos a quien nos ordena, y le obedecemos ciegamente".


Monseñor León Meurin, jesuita, arzobispo de Port Louis en Madagascar, afirma en su obra Filosofía de la Masonería: "La doctrina cabalística no es en el fondo más que el paganismo en forma rabínica; y la doctrina ma­sónica, esencialmente cabalística, no es otra cosa que el antiguo paganismo reavivado, oculto bajo una capa rabínica y puesto al servicio de la nación judía". Más adelante, también emite este juicio: "La doctrina del Talmud es para el judío la teología moral, como la Cábala es la teología dogmática". Y en otro lugar aún vuelve con la siguiente observación: "Examinemos las doctrinas y la alta dirección de la Orden, y en todas partes encontrare­mos a los judíos. Los emblemas y enseñanzas de las logias muestran, sin lugar a dudas, que la Cábala es la doctrina, el alma, la base y la fuerza oculta de la masonería".


Nicolás Serra y Caussa, escribe también a este respecto en su obra El Judaísmo y la Masonería: "El inventor, fundador o introductor del sistema masónico, si no fue judío por la circuncisión, tan judío era de corazón como los mejores circuncidados; pues la masonería respira ju­daísmo por los cuatro costados".


Luego cita Nicolás Serra la opinión de un judío, de José Lehmann, después sacerdote católico, recogiéndole estas palabras sobre el particular: "El origen de la francmasonería debe atribuirse al judaísmo; no ciertamen­te al judaísmo en pleno, pero, por lo menos a un judaísmo pervertido".


El Ojo que Todo Lo Ve masónico y su relación con la Masonería.








El historiador judío francés Bernard Lazare, escribió a finales del S. XIX: "Es evidente que sólo hubo judíos, y judíos cabalistas, en la cuna de la masonería".


Por su parte, el rabino Isaac Wise escribió en 1855: "La masonería es una institución judía, cuya historia, grados, cargos, señales y explicaciones, son de carácter judío des­de el principio hasta el fin".


El filósofo alemán Fischer anotó en 1848 esta otra observación: "La gran mayoría de la orden masónica no admite al cristianismo, sino que lo combate a punta de cuchillo; y la prueba de ello la tenemos en la admisión de todos los judíos en las logias".


Otra perspectiva digna de tenerse en cuenta sobre la influencia judía en la masonería, es la que hace el ex masón M. J. Doinel, quien después de haber militado en el Gran Oriente de Francia, y ya convertido al cristianismo, sienta lo siguiente: "Los masones se lamentan de la domi­nación que los judíos ejercen en las logias, en los Grandes Orientes, en todos los 'puntos del triángulo', en todas las naciones, en toda la extensión de la tierra. Su tiranía se impone en el terreno político y financiero. Desde la Revo­lución Francesa han invadido las logias y actualmente la invasión es total. Así como la masonería es un Estado dentro del Estado, así los judíos forman una masonería dentro de la masonería. El espíritu judío reina en los 'ta­lleres' con la metafísica de Lucifer, y guía la acción masónica, totalmente dirigida contra la Iglesia Católica, contra su jefe visible, el Papa, y contra su jefe invisible, Jesucristo; repitiendo el grito deicida: ¡Crucifícalo! La Sinagoga en el pensamiento de Satanás tiene una parte preponderante, inmensa. Satanás cuenta con los judíos para gobernar la masonería, como cuenta con la masonería para destruir a la Iglesia".


Pero la mejor caricatura de estos ilusos y siervos soña­dores, quizás la haya trazado el judío húngaro Teodoro Herzl, famoso por ser el padre de la moderna doctrina sionista, escritor y periodista, quien convocó y presidió el primer congreso sionista celebrado en Basilea en cuya ocasión afirmó: "Las logias masónicas establecidas en todo el mundo se prestarán a ayudarnos en lograr nues­tra independencia. Es que aquellos cerdos, de los masones no judíos, no comprenderán jamás el objeto final de la masonería".


Otro importante personaje de la cabalística esotérica hebrea, ni financiero ni hombre público, el judío francés Saint-Yves d'Alveydre (1849-1909), el teórico y maestro, formulador de la llamada doctrina de la Sinarquía, antece­dente inmediato de la sionista, y por consiguiente de las líneas maestras del futuro Gobierno Mundial, no oculta su criterio sobre aquellos ilusos, escribiendo en uno de sus libros (Misión de los Judíos, en 1884): "Si se dejara en manos de masones y papanatas el plan arquitectural y su ejecución, jamás se levantaría el monumento".


Pudiéramos aportar otros muchos criterios autorizados, pero sobre este extremo, no vamos a insistir más puesto que no es nuestro propósito hacer aquí un examen de la masonería ni mucho menos de los crímenes de la masone­ría. Baste ahora hacer la observación, para concluir, de no difícil comprobación, de que ni la masonería en su conjun­to, ni un solo masón siquiera ocasionalmente, al menos durante su militancia, haya hecho o dicho lo más mínimo que pudiese dañar o simplemente molestar a los judíos o a su política imperialista. Por el contrario, santifican cual­quier atrocidad judía, como los brutales y sucios asesinatos de palestinos que se suceden mes tras mes, actitud que incluso encuentra eco en la misma ONU, con su visible tolerancia, no pasando de las fórmulas de consuelo y condena, cuando de crímenes y ocupaciones de territorios ajenos, por los judíos se trata.


Se le achaca a la ONU el ser una institución de inspira­ción judía, pero al menos, por lo que se ve, es la caja de resonancia del imperialismo sionista, normalmente a tra­vés del norteamericano, o mejor, del angloamericano, que se limita a pedir "mayor moderación" ante los excesos sionistas, o veta propuestas que ponen claramente de ma­nifiesto que, en tal Organización, la igualdad, democracia y justicia, no tienen el mismo significado para todas las naciones integrantes, como tampoco para los judíos o me­dio judíos, unidos por los mismos lazos y sentimientos sionistas.


El símbolo de la ONU está constituido por 33 piezas, supremo grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.










También hay que decir que, la masonería siempre fue tanto de la mano del capitalismo como de su secretismo. Y aun del comunismo, salvo en aquellos países en donde éste queda impuesto, porque entonces la masonería comienza a ser cercenada. ¡Consumada la traición ya no es menester el traidor! Véase si no el ejemplo de Rusia durante los últi­mos 70 años, en donde la masonería ha estado totalmente prohibida.


Por otra parte, en relación con las guerras y su explota­ción, veamos lo que opina Henry Ford, el famoso indus­trial norteamericano inventor del automóvil que lleva su nombre, y escritor, comentando en uno de sus artículos periodísticos publicado en el Daily Mail, de 21-9-1923 (luego recogidos en su libro El judío internacional): "No necesitamos la Liga de Naciones para poner fin a la guerra. Poned bajo control a los cincuenta financieros judíos más ricos, que promueven guerras para su único provecho, y las guerras cesarán"


Por último, hagamos notar sobre este punto que, en el acta de la sesión del 'convento' (asamblea), del Gran Oriente Francés celebrado en 1929, se hizo constar esta advertencia:


"Nuestra Orden no puede conservar su fuerza y valor más que manteniendo su carácter secreto. El día en que perdamos nuestro carácter específico en lo referente a nuestra discreción y secreto, nuestra acción en el país habrá finalizado".


Y, para finalizar, digamos que el 20 de febrero de 1959, la Asamblea Plenaria de Cardenales, Arzobispos y Obispos de Argentina, publicaba una declaración colectiva recor­dando la condena formal de la masonería por los Papas, desde Clemente XII a Pío X, y subrayando que la francmasonería y el comunismo persiguen el mismo obje­tivo, diciendo:


"Para llegar a sus fines, la Franc-Masonería se sirve de la alta finanza, de la alta política y de la prensa mundial; el marxismo, por su parte, se sirve de la revolución social y económica contra la patria, la familia, la propiedad, la moral y la religión".





DECLARACIONES VERTIDAS POR EL PROPIO TALMUD


De lo que piensan los judíos sobre si mismos: pueblo escogido; de lo que piensan sobre los demás pue­blos: idólatras destinados a servir y honrar a Israel; de la consideración sobre los demás humanos: bestias, basura, prostitutas; sobre sus mayores aspiraciones: alcanzar el dominio mundial, por cualquier clase de medios; sobre el concepto de bienes y propiedades ajenas a los judíos: bienes mostrencos, todos los del mundo le pertenecen al judío; así como sobre los crímenes sanguinarios: sacrificios necesarios para agradar a Dios; e incluso sobre otros as­pectos importantes del pensamiento judío, da razón sobrada el Talmud, en donde se revelan claramente y hasta de forma reiterativa, y repiten como un eco todos cuantos rabinos vinieron escribiendo, siglo tras siglo, sobre ju­daísmo. La cuestión no es baladí ni pasajera.


Mas no se puede hacer ahora una reseña apresurada de citas talmúdicas sobre todas estas cuestiones, ya que re­sultaría desmesurada y no es este nuestro propósito.


Baste para la acusación, como para formar recto crite­rio el lector ante esta tribuna pública, traer aquí solamente aquellas que aluden a aspectos generales y particularmente al asesinato del goy (el no judío).


Lo que ya tienen escrito no puede ser negado, quizá tergiversado, pero las intenciones quedan al descubierto, y los hechos demuestran su concordancia, corroborando sus instintos.


Sólo hemos de hacer la advertencia previa de que las alusiones al no judío, esto es, al idólatra, al pagano, al gentil, al akum, al goy, después de la venida de Jesucristo se dirigen preferentemente al nazareno, al cristiano, tam­bién al musulmán, y muy especialmente al católico.


Aparte el precepto ya transcrito al principio de estas consideraciones sobre el Talmud, de que sólo el judío es humano, a los demás puede mentirles, trampearlos y ro­barlos, puede violarlos y asesinarlos; nos encontramos con otras prescripciones de igual tono y similar criterio, que están en contra de toda sana conciencia, repugnan aun al más débil, desafían al más fuerte y, nos afligen a todos. Y que trataremos de recoger seguidamente, en lo que consi­deramos más trascendente.




Una foto inédita, un sabio de Sión fotografiado: El enfermo racista Rabbi Cohen, de la principal dinastía sacerdotal dentro del Judaísmo. El judío debe viajar envuelto en una bolbasa de plástico para así no mezclarse entre todos los goyim.







Sobre el trato a los gentiles y la supremacía judía sobre la Tierra


“Allí donde lleguen los judíos deberán convertirse en patrones, y hasta que no logremos el dominio absoluto, debemos considerarnos como exiliados y prisioneros; hasta que no nos hayamos apoderado de todo, no debemos cesar de gritar: ¡ay, que tormento!, ¡ay que humillación!”. (Sanhedrin fol. 104, c. 1).


“Si un judío es tentado a hacer el mal, el debe ir a una ciudad donde no sea conocido y hacer el mal ahí”. (Moed Kattan 17a)


“Cualquiera que desobedezca a los rabinos, merece la muerte y será castigado en el infierno sumergiéndolo en excremento hirviente.” (Erubin 21b.)


“Golpear a un judío, es como golpear la cara de Dios”. (Sanhedrin 58 b).


“Dios se muestra en la tierra en las semblanzas del judío: Judío, Judas, Judá, Jevah o Jehová, son el mismo y único ser. El hebreo es el Dios viviente, el Dios encarna¬do; es el hombre celeste, el Adam Kadmon. Los otros hombres son terrestres, de raza inferior. Sólo existen para servir al hebreo; son pequeñas bestias”. (Qabbalah ad Pentateucum, fol. 97, 3)









“YHVH creó al no Judío en forma humana para que el Judío no sea servido por bestias. Por lo tanto, el no Judío es un animal en forma humana, condenado a servir al Judío de día y de noche.” (Midrasch Talpioth, 255d, Warsaw 1855)


“Así como los hombres son superiores a los animales, los judíos son superiores a todos los pueblos de la tierra”. (Sepher Zeror a Mar, folio 107, b.)


“Solamente los judíos deben ser llamados hombres, pero los goim, que vienen del espíritu impuro, no tienen derecho más que al nombre de puercos”. (Jalkut Reubeni, folio 10, b.)


"El no judío es basura; es excremento." (Schulkhan Arukh, con las palabras del Rabí Josef Caro)


“Todos los niños gentiles son animales." (Yebamoth 98, a)


"Los pueblos de gentiles constituyen el prepucio del género humano que debe ser cortado." (Libro de Zohar, s.n. con.)


"¿Qué cosa es una prostituta? Toda mujer no judía" (Eben ha Ezer, 6, 8)


“Es natural que los judíos no estén obligados a matar a un goim con el cual viven en paz, pero nunca les será permitido el salvarle.” (Schulchan Aruk. Ley 50.)


“Los casamientos que se hacen entre gentiles no tienen ninguna fuerza legal, es decir, que la cohabitación es exactamente como el apareamiento de animales: por consecuencia, a sus hijos no se les considerará ningún vínculo de parentesco, ni con el padre, ni con la madre.” (Schulchan Aruk. Ley 88.)


En el libro Qabbalah ad Pentateucum, (fol. 97, 3), los judíos se glorifican de esta manera a si mismos:


"Dios se muestra en la tierra en las semblanzas del judío: Judío, Judas, Judá, Jevah o Jehová, son el mismo y único ser. El hebreo es el Dios viviente, el Dios encarna­do; es el hombre celeste, el Adán Kadmón. Los otros hombres son terrestres, de raza inferior. Sólo existen para servir al hebreo; son pequeñas bestias."


Y visto ya esto, resultará de fácil comprensión para esta breve audiencia, la sospecha de que los judíos se nos presentan a todos los demás hermanos en Cristo, como un hormiguero de pequeños mesías. Al verdadero todavía le esperan como a un rey, que pondrá a todos los demás seres y riquezas a los pies del hormiguero, para su mayor servi­cio y gloria.


En el mismo Talmud, III Parte o Naschim, (en el libro Kethubot, fol. 111 b), se puede leer lo siguiente:


"El Mesías (aún esperado por los hebreos) dará a los judíos el gobierno real del mundo; todos los pueblos les servirán y todos los reinos les serán sometidos."


"Pero esa época será precedida por una gran guerra en la que las dos terceras partes de los pueblos perecerán. Los judíos necesitarán siete años para quemar las armas conquistadas." (En el Abramanel, Masmia Jeshua, fol. 49 a).


Y nada menos que llegan a establecer un parangón entre la sabiduría rabínica y la del mismo Dios. Algo insólito. En la II Parte de la Misná, o sea, en el Moed, en su último libro o tratado llamado Chaniga, se puede leer asi­mismo:


"Dios, el Señor, pide a menudo su opinión a los rabi­nos en la tierra, cuando en el cielo se presenta una cuestión difícil en cuanto a la Ley". Opinión esta defendida, ade­más, por el rabino Menachen al que le siguen otros.


Y se puede subrayar esta otra:


"Jehová mismo, en el cielo, estudia el Talmud de pie. Tal es el respeto que tiene por este libro." (Trat. Mechilla).
Sobre los bienes de los gentiles


Sobre los bienes de los no judíos hay varias prescripciones talmúdicas, pero baste citar algunas para formar idea clara de la falta de la más mínima consideración:


“Dios ha dado a los judíos poder sobre la fortuna y sobre la vida de todos los pueblos”. (Sepher Haikarim III, 25; Jalkut Simeoni, folio 83, col. 3)


“El judío puede apoderarse de las propiedades de los no judíos”. (Baba Mezia, folio 61, a.)


"Las propiedades de los goim son y tienen la reputa­ción de un desierto o de las arenas del mar, quien las ocupare primero (entre los judíos), será su legítimo po­seedor. "


"Los bienes de un no judío son como un bien mostren­co, y el que viene primero, éste toma posesión de ellos." (Choschen Hammischpat, 156.5).


Comentando estos preceptos el rabino Isidoro Loeb, escribía en 1892, en su obra "La literatura de los pobres de la Biblia":


"Toda la fortuna de las naciones pasará al pueblo judío; el fruto de los graneros de Egipto, los ahorros de Etiopía, serán de él; marcharán detrás del pueblo judío, encadenados, como cautivos, y se prosternarán a sus plantas. "


Otro precepto que viene a incidir en lo mismo, se encuentra en el libro Sepher Ikarim, en donde también se encuentran los principales ataques contra la fe cristiana:


"Dios ha dado a los judíos poder sobre la fortuna y la vida de todos los pueblos."


El escritor judío Marcus Eli Ravage, nacido en Ruma­nia en 1884 y emigrado desde joven a Estados Unidos, en donde estudió, con estancias en París, escribió en The Century Magazine de enero de 1928, vol. 115, lo siguien­te, contradictorio en sí mismo:


"En tiempos de guerra nos sustraemos a nuestro deber por la Patria, porque por naturaleza y tradición somos pacíficos. Somos los archi-instigadores de guerras mun­diales y los principales beneficiarios de tales guerras."


"Somos en una misma persona los fundadores y adep­tos principales del capitalismo, y simultáneamente los principales autores de atentados de la rebelión contra el capitalismo. De seguro, la historia no tiene ejemplo algu­no de semejante multiplicidad."


Ya el rabino Jochanan había llevado al Pasachim (113, A), esta advertencia: "Si vas a la guerra no vayas en pri­mera fila, sino en las últimas, así podrás ser el primero en volver." Excusado decir que se refiere a las guerras que ellos promueven entre las demás naciones, aunque les acojan de buena fe. En Israel no se acepta la objeción militar.


Sobre la usura, el criterio lo tienen muy claro, apare­ciendo coincidente y reiterativo. En el libro Sanhedrín (fol. 16.2), se prescribe que: Está prohibido prestar sin usura a los no hebreos.


En el Sepher de Maimónides (fol. 73.4), se recalca como en un mandamiento lo siguiente:


"Dios ha ordenado practicar la usura respecto a un goim, y no prestarle dinero sino únicamente cuando nos pague intereses, de tal manera que en lugar de facilitarle ayuda, nosotros debemos crearle dificultades, aun cuando él nos es útil."


Comentando la misma máxima el rabino Schwabe -citado por Traian Romanescu-, escribe al respecto:


"Si un cristiano necesita dinero, el judío sabrá enga­ñarlo; él añadirá interés usurero a interés usurero, hasta que la suma esté tan elevada que el cristiano no podrá pagarla sin vender sus bienes, o hasta que la suma monte a tanto que el judío pueda comenzar un proceso y obtener de los jueces el derecho a tomar posesión de sus bienes."


“Si los judíos han viajado toda la semana y han engañado a los cristianos, a derecha y a izquierda, que se reúnen el sábado y que se gloríen diciendo: Es necesario arrancar el corazón a los goim, y matar al mejor de los cristianos”. (Judenbalg 21)


“El que entrega a un goym lo que ha perdido, no encontrará la gracia cerca de Dios”. (Sanhedrin, folio 76b)


“Es permitido practicar la usura para con un goim y aún engañarle por el fraude”. (Baba Mezia, folio 61, a)


“Está permitido engañar a un goim y practicar la usura sin llamar la atención, pero si vendéis algo a vuestro prójimo (es decir, al judío) o si compráis algo suyo, no os estará permitido engañarle”. (Baba Mezia , fol. 61; v. Tosaphot, a. I y Tract. Belchoroth, fol. 13b.)


“Cuando un judío tiene en sus manos a un gentil, puede otro judío prestar dinero a ese mismo gentil y a su vez engañarle; de este modo el gentil se arruinará, puesto que (con arreglo a nuestra Ley) la propiedad de un gentil no pertenece a nadie y el primer judío que llegue tiene derecho pleno a apoderarse de ella.” (Loc. Cit. Ley 24.)


“Siempre es un acto meritorio el apoderarse de los bienes de un gentil.” (Ibid. Ley 25.)


“Cuando un judío trata con un negocio con un gentil, y otro judío se mezcla y engaña al gentil de una manera cualquiera, bien en el peso, o en el precio, los dos judíos deben repartirse las ganancias, que Yahvé les envía.” (Schulchan Aruk. Ley 27.)


El escritor judío Teodoro Reinach, pretende explicar -nunca justificar-, esta inclinación de los suyos dicien­do que los judíos aprendieron las artes del comercio y de la usura, de los griegos, y que esta afición vino a Judea de la Diáspora, especialmente de Egipto. Aun concedido el be­neficio de la duda, habría que preguntarle el porqué no habrán aprendido también las cosas buenas de los otros, y porque ya desde el principio adoraban al becerro de oro. Y advertirles además, que los cristianos enseñan que a los demás se les debe imitar en las virtudes, no en los pecados.

También se ocupan de la hipocresía y del juramento. Dice el rabino Bechaf: "La hipocresía está permitida, cuando el judío la necesita, y cuando tiene motivos de temer. Que él honre al no judío y le diga ´os amo´, en tales circunstancias. "

Pueden jurar en falso cuando sean obligados a hacerlo ante tribunal o autoridad: Jurar con los labios, pero en el interior del corazón invalidad el juramento.
Sobre los cristianos y Jesucristo

En el Pesachim (fol. 118, b), se pone de manifiesto el desprecio al cristiano como a ningún otro, pues se escribe que: "El Mesías recibirá los regalos de todos los pueblos y él no rechazará más que los de los cristianos."

Se ocupan mucho de los cristianos. En el Schulchan Arukh, 2.º Libro llamado Jore de Ah (Doctrina de la Sabi­duría, 141.1), se consigna esta observación:

"La reproducción de una cruz ante la cual se hace reverencia, debe ser tomada como un ídolo y está prohibi­da."

Y en el Sepher Zerubadel: "El lugar donde se lleva a cabo el culto cristiano, se llama Casa de Vanidad y Nece­dad, en vez de una Casa de Oración."

Al domingo se le llama día de la calamidad, (no suelen ganar un duro); a los Santos Evangelios, Libros de Iniqui­dad, (le llaman raza de víboras, hijos de satanás, etc.); a las festividades cristianas, días de infortunio; a María le lla­man Charia, esto es, estiércol, en vez de Miriam (nombre de María en hebreo y arameo), y también le llaman Haria (¿?), jugando con el vocablo, así como prostituta; y a Jesucristo bastardo, etc., sólo expresiones procaces; a los sacrificios cristianos: Ofrecimientos de estiércol.

El respeto al sábado siempre ha sido proverbial entre los judíos, pero la referencia talmúdica al mismo sobrepa­sa toda medida de fe, y por otra parte, nos permite observar una vez más como al akum se le atribuye un tercer puesto, después de los animales. Veamos:

"Si alguien está de viaje y el sabat ya ha comenzado, y tiene dinero consigo, y va con un burro y con un no judío, entonces no debe cargar con dinero al burro, sino entre­garlo al no judío, pues el descanso sabático del burro también le está ordenado, pero el descanso del no judío no está ordenado."

“Yeshu “el nazareno” y sus discípulos practicaban la hechicería y la magia negra, él incitó a muchos judíos a perderse en la idolatría, y fueron favorecidos por poderes de gentiles extranjeros, con el propósito de trastornar el culto judío.” (Sanhedrín 43a).

“Yeshu aprendió brujería en Egipto y usó procedimientos que involucraban cortar su carne para realizar milagros, lo cual está prohibido explícitamente incluso en la Biblia.” (Shabbos 104b).

“Yeshu fue un inmoral sexual, adoraba estatuas de piedra (se menciona un ladrillo), fue apartado de la comunidad judía por su perversión, y se rehusó a arrepentirse.” (Sanhedrin 107b; Sotah 47a).

"Yeshu está en el Sheol (infierno) y está siendo castigado sumergiéndole en semen hirviente. Los cristianos están sumergidos en excremento hirviente." (Gittin 57 a - Nota: otras versiones de este versículo se traducen de esta manera: "Jesucristo hierve en excremento caliente.")

La madre de Jesús "era adúltera, en particular con un romano que se llamaba Pantera, con quien concibió a su pequeño bastardo Jesús" (Sanedrín 67a); "Ieshu ben Pantera tuvo diferentes acciones perversas e inmorales, por las cuales terminó expulsado de las academias sin haber avanzado mucho en sus estudios" (Sotá 47a, Avodá Zará17a)

“Yeshu "el nazareno" fue ejecutado por practicar la hechicería: "Se ha enseñado que en la víspera del Passover, Yeshu fue colgado, y cuarenta días antes de éste, la proclamación fue hecha: Yeshua fue condenado a la muerte porque él practicó la hechicería e incitó a la gente hacia la idolatría”. (Sanhedrin 43a.)

"La Virgen María fue una prostituta. Ella, quien era descendiente de príncipes y gobernadores, jugó a la ramera con los carpinteros." (Sanhedrín 106 a)

"Es la Ley matar a quien reniegue de la Torah y los cristianos pertenecen a los detractores de la Torah." (Coschen hamischpat 425, Hagah 425, 5)

CONCLUSIÓN



El Talmud se desacredita por sí mismo, no se necesitan solemnes declaraciones para ello. Basta un examen parcial del mismo. Y cuanto más se profundice en su examen más rechazo produce. Aun expurgado de algunos extremismos odiosos contra los cristianos, como han hecho en algunas ediciones modernas, aun así, ante normas que bendicen lo sangriento y ultrajante, y tachan al no judío de bestia, de basura y excremento, no cabe otra cosa más que el repudio.

¿Dónde está en el Talmud el amor al prójimo? Si el prójimo se reduce para ellos al círculo judío. ¿Para quién la piedad del judío? Si se vanaglorian de que ya en tiempos bíblicos (I Macabeos, 13, 46), hacían exclamar a la víctima: "No nos trates según nuestra mucha malicia, sino según tu gran clemencia".

¿Qué podrá hacer el goy ante el judío talmudista: Ofrecerle eternamente la otra mejilla, o tomar el látigo y hacer uso de él?

Suelen los defensores de Israel, ante citas reprobables del Talmud, oponer otros textos contradictorios buscando un falso equilibrio. Afirman una y mil veces que el Talmud es superior a la Ley o Torá, pero cuando les conviene acuden a ésta para buscar la contradicción, o la negación del crimen sanguinario, como cuando citan el Levítico (Cap. 17, 12-14), como norma inapelable en este extremo: "Por eso he mandado a los hijos de Israel: Nadie de entre vosotros ni de los extranjeros que habiten en medio de vosotros comerá sangre".... "No comeréis la sangre de carne alguna, porque la vida de toda carne es la sangre; quien la comiere será borrado".

Pretenden ignorar las otras citas bíblicas acusatorias, pasar por alto las delaciones de los profetas, callar, quizá intencionadamente, aquellos pasajes bíblicos que reiteran el rescate del hombre por la sangre de Cristo, como el último cordero sin defecto ni mancha. Pero claro, como del Nuevo Testamento no quieren saber nada en absoluto, que queden pues, reseñados sobre esta última considera­ción, las siguientes citas: Carta de S. Pablo a los Hebreos, cap. 9 y ss.;1.ª Carta de S. Pedro, 1, 14; Ap. S. Juan, 22, 18; S. Lucas, XVI, y He. Ap. S. Lucas, 20, 28;; para los que deseen manejar la Biblia.

A otros importantes aspectos de la Biblia volveremos en otro lugar. Sólo recordar aquí que falsos profetas los ha habido en todo tiempo. Elías delató y desafió a 450 de una sola vez, que acabaron siendo degollados en el monte Carmelo, y después de subir a la cima del monte para dar las gracias, Yavé se limitó a hacer llover para terminar con la sequía que afligía al pueblo y lavar aquellos desechos (I Rey. 18, 22-45).

¡ Judíos, no se puede servir a Yavé y a Baal a la vez!

Con todo lo dicho, se puede afirmar ya sin titubeos que el Talmud está en contra del orden natural. O como dice Monniot, no sólo es anticristiano, es antihumano e inmoral.

En una de las grandes enciclopedias, en la voz Talmud se puede leer esto: "Se acusa al Talmud de atacar al cristianismo y de predicar una moral peligrosa"; lo que denota, evidentemente, una de dos: o ignorancia de los colaboradores en su redacción, cosa improbable, que más bien debe descartarse; o una malicia descomunal encubier­ta en la misma exculpación, en la pretendida exoneración de la acusación. Esta nutrida Enciclopedia no dedica ni siquiera un par de líneas a especificar el porqué se le acusa, ni la menor alusión a alguna de las delaciones a que nos hemos referido en las anteriores consideraciones, del anterior epígrafe, sólo pretende exculpar, sin más, y, repe­timos: o hay ignorancia o hay malicia. Y, nos parece más bien esto último, pues, excusatio non petita, accusatio manifesta (excusa no pedida, acusación manifiesta). La larga mano negra y peluda del sionismo.


Y prosigue la nutrida Enciclopedia, finalizando así su adoctrinamiento a través de esta voz: "Hubo controversias públicas e incluso solemnes (Paris, 1240), en las que los rabinos refutaban las falsas interpretaciones, pero que fi­nalizaban con la prohibición de estudiar el Talmud, y con la confiscación y destrucción de los ejemplares del texto. En el S. XV, un erudito alemán, Reuchlin, no sólo defendió ardientemente el Talmud, sino que se dedicó a promover el estudio de las literaturas hebraicas".


Mas la realidad es otra. Reuchlin jamás defendió el Talmud, tal afirmación constituye ¡una solemne mentira! Que se constituye además en burda, farisaica, cínica, al añadirle lo de "ardientemente". Y por otra parte, no se puede identificar al Talmud con el resto de la literatura hebraica. España mismo cuenta con literatura hebraica y no toda es talmúdica. Pero sobre la cuestión reuchliniana, volveremos más adelante.


Ya Voltaire, nada sospechoso de clerical, y masón arrepentido, dirigiéndose a los judíos, escribía: "O renunciáis a vuestros libros, o confesáis que vuestros padres ofrecieron ríos de sangre humana a Dios, más de lo que hizo jamás ningún otro pueblo".


La realidad es que, si se puede afirmar con el Nuevo Testamento en la mano, que el dinero es estiércol del diablo, con mayor razón también se puede afirmar que el Talmud, -garante de dinero, poder y sangre de los elegi­dos-, resulta ser la más detestable inmundicia que haya producido el género humano a través de los siglos. Su tufo es tal que no puede taparse con ninguna clase de manio­bras.

Mientras los judíos mantengan que no hay nada supe­rior a su Sagrado Talmud, los goim no pueden permanecer indiferentes. ¡Tan descomunal acometida reclama paralela defensa!

No puede extrañar, por consiguiente, que el repetido Talmud haya sido condenado expresamente por, al menos, dos emperadores (Justiniano y Maximiliano) y diez Papas, de distintas épocas, siendo el último León XIII, de mente tan lúcida como de ejemplar firmeza de pensamiento y obra, quien dispuso que el Talmud continuase incluyéndose en el Index Expurgatorius, de libros prohibidos, de acuer­do con lo acordado en el Concilio ecuménico de Trento de 1545-1563.

Las cosas son como son, tanto si las vemos y queremos como si no las vemos o no lo queremos. El mismo Magis­terio de la Iglesia enseña que la verdad es una y une; la variación es característica del error y de la mentira; la verdad hay obligación de buscarla, y puede llegarse a ella a la luz de la razón.

Si seguimos el Magisterio ordinario de los papas, lleva­mos buen guía. Si este Magisterio es afirmativo, podemos confiar; si es reiteradamente afirmativo, podemos afirmar; si además los papas mandan mantener ese criterio y lo suscriben reiteradamente, podemos estar seguros de estar en la verdad.

Este razonamiento válido para católicos, como creemos, no tiene porqué ser rehusado por protestantes cristianos, ni aun por ciudadanos incrédulos, si de buena fe se preocupan por buscar la verdad.

Antes que los papas fue el Emperador Justiniano I el Grande, con fama de ser piadoso y versado en Teología, quien prohibió en todo el Imperio Romano la divulgación de los libros talmúdicos, en el año 553.

Diez siglos después, en el año 1510, es el Emperador Maximiliano I, asesorado por el judío converso Johannus Pheferkorn y la O.P. de los dominicos de Colonia, quien ordenó que los libros judíos fuesen confiscados y entrega­dos a las Universidades, para ser examinados, y en su caso quemados. Esto originó la famosa controversia llamada reuchliniana, derivada del nombre Reuchlin, debido a que éste se mostró partidario de destruir solamente aquellos libros talmúdicos que fuesen injuriosos para los Evange­lios, o los excluyesen, admitiendo lo demás. Lo que no autoriza a decir que defendió ardientemente el Talmud. Pero el caso es que planteada así la cuestión, ello dio lugar a que su idea fuese apoyada por Erasmo de Rotterdam y otros humanistas ¿Acaso, no se puede hallar algo aprovechable en cualquier libro?; y siendo el Talmud una colección de 63, con mayor razón, aunque, sinceramente, dudamos que puedan aprovechar a alguien más que a los judíos.

Por el contrario, siguiendo a aquel judío converso y a la prestigiosa Orden de Predicadores, cuatro Universidades europeas: Erfort, Maguncia (hoy Mainz), Lovaina y Paris, alzaron su voz acusando a Johannes Reuchlin (1455-1522) de ser un propagandista judío; y la Inquisición de ser un hereje. Y la Inquisición jamás acusó a nadie sino por escrito y con pruebas. Elevado el proceso al Papa, León X, éste, sin embargo, no emitió fallo definitivo, ordenando a las dos partes que guardasen silencio. De esta manera -dice Pranaitis-, ni Reuchlin fue declarado inocente, ni los libros del Talmud llevados al fuego.

Y así fueron llegando hasta nuestros días. Un patrimo­nio de la cultura judía. Y de conocimiento obligado para el católico que desee saber por qué son condenados y prohi­bidos.

El primer Papa que hace una condena expresa de los libros del Talmud, es Gregorio IX, de finales del siglo XII. Le sigue Inocencio IV (1243-54), quien dicta la Bula Impia Judeorum Perfidia, de 9 de mayo de 1244, en la que, considerando dicho Papa que el Talmud y otros libros clandestinos de los hebreos, les incitan a cometer toda clase de maldades, ordena en la misma Bula que sean quemados públicamente, "para confusión de la perfidia de los judíos". También hace estas otras consideraciones so­bre los mismos, que más o menos van a ser reproducidas por otros Papas que le siguen: "La impía perfidia de los judíos, de cuyos corazones por la inmensidad de sus crímenes, nuestro Redentor no arrancó el velo, sino que los dejó permanecer todavía en ceguedad cual conviene, no parando mientes en que sólo por misericordia, la compasión cristiana los recibe y tolera pacientemente en su convi­vencia; cometen tales enormidades, que causan estupor a quienes las oyen, y horror a quienes les son relatadas".

A los dos anteriores Papas, le suceden los siguientes Romanos Pontífices en la condena del Talmud, por conte­ner toda clase de vilezas y blasfemias contra los cristianos, y ordenando la quema de dichos libros: Julio III(1550-55); Pablo IV (1555-59); Pío IV (1559-65); San Pío V (1566-72); Gregorio XIII (1572-85); Clemente VIII (1592-1605); Alejandro VII (1655-67); Benedicto XIV (1740-58); y León XIII (1878-1903).

En la edición del Index Expurgatorius (catálogo de los libros expurgados o sucios), publicada por orden de León XIII en 1887, se hace esta referencia expresa al Talmud y a dos Papas anteriores a él:

"Aunque en el Index publicado por el Papa Pío IV, el Talmud Judío con todos sus glosarios, acotaciones, inter­pretaciones y exposiciones, han sido prohibidos; pero ad­mitiendo que si se publicaran sin el nombre de Talmud y sin sus calumnias viles contra la religión cristiana podrían ser tolerados; no obstante, Nuestro Santo Padre el Papa Clemente VIII en su Constitución contra la literatura impía y los libros judíos, publicado en Roma en el año de Nues­tro Señor de 1592, los proscribió y condenó; con lo cual no era su intención permitirlos o tolerarlos aun bajo las pre­cedentes condiciones; por cuanto él expresa y especial­mente estableció y determinó que los impíos libros talmúdicos, cabalísticos y otros nefastos libros judíos, fuesen en su totalidad condenados y prohibidos y que siempre debían permanecer condenados y prohibidos, por lo cual su Constitución sobre estos libros debe ser perpetua e inviolablemente observada".

Y aún se puede mencionar al antipapa español Benedicto XIII, el aragonés Pedro Martínez de Luna, más conocido por el Papa Luna, quien tras ser condenado y depuesto en el Concilio de Pisa de 1409, se instaló en Peñíscola con su sede papal, en donde vivió hasta su muerte en 1424. Pues se preocupó grandemente por el problema judío, y ante las disputas promovidas en España por el judío converso Jerónimo de Santa Fe, precisamente sobre el Mesías y el Talmud, entre judíos y cristianos, convocó un Sínodo que se celebró en Tortosa (Tarragona), a lo largo de casi dos años, (1413-14), con 69 sesiones, con asistencia de rabinos invitados, particularmente del reino aragonés, y doctores cristianos. Y después de las largas reflexiones y controversias, este Papa concluyó por con­denar al Talmud y prohibir incluso su lectura a los judíos, en unas fechas en que todavía no habían sido expulsados de España. Su presencia en España, hay que repetirlo una vez más, era fuente de toda clase de discordias, no sólo religiosas.

Y, finalicemos ya, diciendo que el Talmud sigue hoy día tan en pie para los judíos, como su general reprobación y condena por la Iglesia, cuya motivación debe ser cono­cida por todos. Y que desde luego, prescribe los sacrificios humanos como las ofrendas más gratas a Yavé. Volvamos al principio de estas consideraciones para subrayar que aquel argumento de los defensores de Israel, de que sus leyes no prescriben la efusión de sangre, es falaz.

La sociedad humana, que viene haciendo tan rápidos progresos, debe hacer un esfuerzo más para superar las fundadas sospechas y sacar de la oscuridad del olvido este código sagrado y secreto, que conserva toda su vigencia desde hace siglos, manteniendo de una manera fatal y desdichada tan taimada y ponzoñosa doctrina, que viene impidiendo la pacífica convivencia humana.

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