lunes, 28 de septiembre de 2015

El Negacionismo de la Raza, orígenes y falacias de este

El negacionismo de la raza es una postura políticamente correcta, a menudo con motivaciones antiblancas, que niega que existan razas dentro de la especie humana y que tal concepto tenga una realidad biológica y objetiva. Afirma que la raza sólo es una "construcción socio-cultural". Esta postura puede estar motivada consciente o inconscientemente por una ideología política basada en el igualitarismo.


Portada de una edición de la revista Scientific American (Diciembre de 2003) en la que de forma engañosa se presentan seis rostros de personas supuestamente de distinta raza, aunados a la provocativa pregunta: ¿Existe la raza? Se trata de una falacia visual ya que en realidad se copió el rostro de una misma mujer (la mujer rubia) para después modificarla ligeramente en sus rasgos faciales mediante un programa de computadora. El mensaje evidente que da es que "todos los humanos son del mismo "modelo", pero con diferente color". Una revista verdaderamente seria, objetiva e intelectualmente honesta, habría colocado rostros reales de individuos provenientes de diversas regiones con características típicas y frecuentes de dichas regiones. Si se imagina que estos rostros fuesen reales, se trataría entonces de rostros de individuos con una considerable porción de genética caucasoide, mezclados en gran medida, y de ninguna manera típicos. Podría imaginarse también lo que hubiese pasado si en lugar de tomar como modelo a una persona caucásica, se hubiese tomado a una mujer de raza congoide, para modificar ligeramente sus rasgos por computadora, el mensaje negacionista claramente no habría tenido efecto.



HISTORIA

Desde 1932 empezaron a aparecer libros de texto universitarios de introducción a la Antropología Física que negaban y rechazaban la validez del concepto de raza. Antropólogos judíos como Ashley Montagu, Franz Boas y Claude Levi-Strauss, así como biólogos judíos como Richard Lewontin, y posteriormente, Stephen Jay Gould, fueron los primeros en cuestionar el concepto de raza y a mediados de la década 1950, con el auge del marxismo cultural y la corrección política, la UNESCO, a instancias de Ashley Montagu, recomendó sustituir la noción de raza humana, considerada "no científica" y "confusa", por el término de "etnia" (mismo que se refiere en realidad a las comunidades humanas definidas por afinidades raciales, lingüísticas, culturales, religiosas, etc.), a la vez que se negaba que la especie humana se subdividiera en subespecies, convirtiéndose así, en una extraña excepción en la naturaleza.


A la caída del Tercer Reich y debido a la posterior campaña política de desprestigio al nacionalsocialismo y el crecimiento del marxismo cultural enOccidente, el concepto de raza comenzó a ser marginalizado y dejó de ser utilizado por diversos Estados. Algunos sociólogos marxistas comenzaron a enarbolar la falsa idea de que las múltiples teorías sobre la raza fueron hechas como forma de "justificar el colonialismo y expansionismo europeo", sin considerar que el expansionismo nunca necesitó justificaciones ante nadie, pues era un hecho aceptado por todos, menos aún cuando se venía practicando desde hace siglos. Y a la vez algunos "científicos" alegaban que no se podía hablar de diferentes razas entre los seres humanos porque la diferenciagenética entre ellas es mínima, lo que se explica sencillamente porque se trata de la misma especie. A menudo, la visión crítica del uso del término raza relativiza los estudios científicos y señala que el uso de este término suele acarrear discriminación racista, cuando esto no es más que una consecuencia que ellos mismos le asignan. (Ver: Argumentum ad consequentiam). De hecho, el negacionismo de la raza proviene generalmente de grupos de la izquierda política (liberalismo, comunismo, anarquismo), aunque también muchos grupos cristianos niegan el concepto de raza.

La Élite Judía promueve sistemáticamente el Mestizaje y el ''Multiculturalismo'', a la vez que niega la existencia de las Razas (salvo la suya), para destruir la identidad étnica y racial de los pueblos que coloniza.




A finales de los 60's, los escritores judíos empezaron a hablar abiertamente de su dominación de la antropología americana. En una edición de 1997 del American Anthropologist que publica la Asociación Antropológica Americana, el erudito judío Gelya Frank escribe que la antropología igualitarista americana es tan completamente judía que debería ser calificada como "una parte de la Historia Judía". Frank llega a admitir que la antropología está al servicio de un programa social y que su objetivo se enfoca en los antropólogos judíos que están "motivados en convertir las teorías multiculturalistas en programas para el activismo". La misma casta de antropólogos que tan fervientemente declaran que "no existen las razas" cuando se refieren a negros o blancos sostienen hipócritamente que la única homogeneidad genética es la de los judíos.




Así, el antropólogo judío sionista Jared Diamond durante años ha pregonado que las razas "en realidad no existen", que "son una construcción social" y que "no hay base genética para la raza". Sin embargo, en un artículo del Smithsonian, Diamond expresa su entusiasmo al saber que por medio de los estudios del ADN, Israel puede identificar quién es realmente un judío. Es decir, según Diamond el ADN no puede identificar a los europeos, a los asiáticos, a los amerindios, a los africanos, a los palestinos, pero, "gracias a Dios", el ADN sí puede identificar a los judíos, con lo que pueden justificar y poseer un Estado exclusivo para los judíos, no importando si profesan el judaísmo como religión o no, y a su vez, pueden justificar la negación del mismo derecho fundamental a los demás pueblos.





''Hablar de Raza es hablar del color de piel''

"No importa el color de la piel, lo que importa son los sentimientos".

Niño de tez oscura y niña albina, ambos de la misma etnia.



Mucha gente cree que la raza es "sólo una cuestión del color de la piel" (o bien de color de ojos y cabello). Sin embargo, desde que se comenzó a considerar a la raza como objeto de estudio por parte de la antropología física, los estudiosos consideraron mucho más importantes otros rasgos determinantes como los rasgos faciales, las medidas del cráneo, el índice cefálico y la capacidad craneal.


El cerebro controla diversas funciones cognitivas, psicológicas y emocionales, y, como en todos los órganos, su fisiología está relacionada con su anatomía. Si el cerebro está contenido en el cráneo, y si el cráneo presenta diferencias en su estructura, tamaño, forma, etc. según la raza, es plausible que las razas presenten diferencias cognitivas, psicológicas y emocionales, tal como lo han demostrado varios científicos, entre ellos el profesor Philippe Rushton de la Universidad de Ontario del Oeste.

Se puede ejemplificar esta falacia mediante la analogía en la cual los humanos son como automóviles. Hay automóviles rojos, azules, negros, grises, etc., pero también hay de distinta marca y distinto modelo que determinan sus funciones, sus ventajas y sus desventajas, y en suma, características que dan mayores opciones en el mercado. La falacia, en resumen, llega a afirmar que "todos los humanos son del mismo "modelo", pero con diferente color", lo que invariablemente niega la biodiversidad humana y cuando la evidencia ha demostrado que cada raza tiene características fisiológicas y anatómicas distintas además del color de piel, de ojos y de cabello.

Falacia del ancestro común


"Todos los seres humanos compartimos un ancestro común que procede de África, por lo tanto, todos somos iguales y las razas no existen"


De hecho, todos los seres humanos descendemos del mismo primate originario, cosa que no nos hace iguales a los chimpancés, orangutanes, gorilas, etc. En realidad, todos los seres vivos compartimos un ancestro común que se remonta a un organismo unicelular, y eso no significa que todos los seres vivos sean iguales y que las especies no existan.



Aún admitiendo la tesis, en discusión, de que la especie humana tuvo un origen sincrónico y común en África (hipótesis monogénica), y de que se parte en principio de individuos similares, no se puede omitir la importancia de los factores que generan nuevas razas o subespecies dentro de una especie como lo son las mutaciones, la selección natural y la endogamia dentro de grupos física y genéticamente aislados. El surgimiento de subespecies o razas es el primer paso para dar origen a nuevas especies, proceso que se conoce como especiación y que se interrumpe mediante la mezcla genética entre subespecies.

Una raza es un grupo genético real pero difuso, y este hecho es fuente de error de muchos inadvertidos. Es decir, en virtud de un origen común, y de la existencia de fronteras moderadamente permeables entre los distintos grupos raciales (capacidad reproductiva interracial), la manifestación del hecho racial no ocurre necesariamente como exclusión, es decir, como presencia o no de determinados alelos en cada grupo racial, sino como frecuencia o tendencia (si bien es notorio el hecho de que determinados alelos siempre están excluidos para determinados grupos raciales). Cada raza tiene una tendencia central, genotípica y fenotípica, alrededor de la cual oscilan los miembros de la raza. Esa tendencia es distinta a la de otros grupos raciales aunque permita cierta convergencia individual en alguna o algunas características entre elementos situados en estándares extremos respecto de su propia tendencia central. Este hecho último no representa ningún argumento en contra de la existencia de las razas ni ningún descubrimiento reciente que la biología no conozca desde hace mucho: se enmarca bajo el concepto de clina. No hablamos por tanto de categorías exactas ni discretas, pero sí tendenciales y consistentes. Y esto a pesar de la constatación por parte de los genetistas de la existencia de zonas de cambios genéticos abruptos.



Las clasificaciones de la Antropología clásica de las razas dependen del criterio del naturalista, todas se basan en la descripción de fenotipos, es decir, en los caracteres morfológicos anatómicos dados por los rasgos más evidentes como el color de piel y otros rasgos físicos, y también por fisiología, es decir, la función de cada rasgo físico. Entre los métodos que ha usado la antropología física está lo que se denomina Caracteres morfológicos raciales y que consiste del estudio de las siguientes características: pigmentación de la piel, pigmentación de los ojos., pigmentación, pilosidad o forma y consistencia del cabello, estatura y peso, proporciones del tronco y de los miembros., forma, proporciones y medidas del cráneo, lo que indica el índice cefálicoProporciones y la forma de la cara. Forma de la nariz, ojos, párpados y orejas. Forma y proporciones de la boca y labios.

Falacia de trivialización

"Las diferencias físicas y genéticas en las poblaciones humanas son lo suficientemente insignificantes como para clasificarlas como diferencias raciales."

El pequeño porcentaje de variación genética que existe entre el chimpancé y el ser humano es incluso insuficiente para tomar en cuenta las diferencias físicas entre estas dos especies.

Eso es porque la manera en que los genes se expresan es más importante que la propia cantidad de diferencia genética. Hay una muy significativa diferencia en la expresión de los patrones genéticos del hombre y del chimpancé, no en los genes en sí.

Las pequeñas alteraciones en un único gen, como FOXP2, son probablemente la razón principal de que los humanos sean capaces de hablar y los simios no. Cambios pequeños tienen enormes consecuencias.

Si menos del 2% de diferencia entre el genoma humano y el chimpancé pueden producir extraordinarias diferencias físicas y mentales, del mismo modo pequeñas variaciones entre las razas tienen importantes resultados.

Un caso muy conocido de falacia de trivialización es el de la falacia de Lewontin, hace tiempo refutada, pero aún presente en la argumentación marxista cultural.


Falacia del pensamiento único

Las razas no existen, y quienes opinan lo contrario deberían ser juzgados por racismo.

Dado que la mayor parte de los argumentos del negacionismo racial son falacias que pueden ser fácilmente refutadas, es requerido un ambiente de censura, en el cual los argumentos del negacionismo racial sean declarados como simples hechos y no se permita una contra-argumentación.

Falacia de mendicidad

"La raza debe ser negada para poder acabar con el racismo, aquellos que siguen creyendo en la realidad de la raza están perpetuando y fomentando el racismo."

Los negacionistas de la raza se han convencido a sí mismos de que el concepto de raza promueve el racismo. Así que están presionando mediante una agenda políticamente correcta la idea de que las razas humanas no son biológicamente reales sin importar la evidencia de lo contrario.

No estamos tratando con ciencia sino con censura motivada políticamente.

Falacia de las consecuencias

El uso del término "raza" lleva implícitas connotaciones racistas. Por tanto, su uso no es adecuado, y debe descartarse.

Falacia muy similar a la anterior, es de uso muy recurrente en la argumentación negacionista. Se refieren al concepto de raza como "racista" y de "consecuencias negativas", desprestigiándolo así, y dejando de lado su validez real.

Ad hominem

Y cuando todas estas falacias son refutadas, lo que queda de los negacionistas de la raza es descalificación gratuita.

Hacen que su oponente se retracte ante un ataque de insultos, difamaciones y acusaciones (ad hominem) sin la necesidad de dar argumentos sustanciales. Acusación de "racismo", "nazismo", y otros calificativos despectivos son comunes entre los negacionistas de la raza.



NEGACIONISTAS

Franz Boas, antropólogo judío.
Richard Lewontin, biólogo judío.
Leon Kamin, psicólogo judío.
Jared Diamond, científico judío.
Stephen Jay Gould, biólogo judío.
Ashley Montagu, antropólogo judío.
Claude Levi-Strauss, antropólogo judío.
Leonard Lieberman, antropólogo judío.
C. Loring Brace, antropólogo de la Universidad de Michigan.


CONCLUSIÓN


A estas alturas de la globalización ya no queda duda en cuanto a que quienes dominan hoy el mundo no les interesa dejar que el individuo se eleve y cultive su creatividad, fecundidad y poder individual, ya no digamos permitir que varios individuos fuera de los círculos de poder se unan y se comporten como un solo ser con intereses propios. Estamos ya en condiciones de identificar cuáles son las tendencias que la globalización pretende imponer a la raza blanca a través de su ingeniería social:


• Destrucción de la colectividad: raza, nación, cultura, religión, clase social, profesión, familia o cualquier puntal de identidad colectiva en torno al cual pueda organizarse un grupo fuerte. Todo debe sumergirse en un confuso revoltijo global. Cuando el individuo es sólo "uno más" y no está integrado en un grupo fuerte, una tribu que lo canalice y lo proteja, es cuando es más fácil dominarlo, manipularlo y meterle ideas en la cabeza. Toda buena secta (y la globalización es una secta de masas) debe desarraigar al individuo antes de remodelar su mente.

• Balcanización social y guerracivilismo: hombres contra mujeres, jóvenes contra mayores, separatismos, tribus urbanas, sectas, partidos políticos, equipos de fútbol, subvención de "minorías étnicas", cualquier cosa que divida a la sociedad promocionando el "todos contra todos" que desvía la ira del pueblo y que nos divide para que la casta financiera pueda vencer.

• Relativismo y degeneración del comportamiento: todo lo que hagas está bien, puedes serle infiel a tu mujer o marido, puedes hacer de la pereza, la indisciplina y la complacencia una forma de vida, puedes meterte latas de coca-cola por el culo, puedes esnifar, fumar, tragar o inyectarte todas las drogas habidas y por haber, puedes robar, corromper y sembrar el mal a tu alrededor, puedes abortar las veces que haga falta, puedes tener relaciones sexuales con gente de tu mismo sexo, puedes hacer daño a animales indefensos y puedes incurrir en los vicios más depravados, todo eso no te convierte en un ser despreciable, porque no existen tabúes y no existen pecados. Nunca serás castigado por tus faltas porque no existe el bien, no existe el mal y no existe un Más Allá donde, liberados de las ataduras terrenales y del peso de lo carnal, veremos las cosas más claras y seremos llamados a rendir cuentas por nuestros actos y a pagar nuestras faltas para equilibrar la balanza del Cosmos. A este estado de soberbia sacrílega, ignorante y autodestructiva los antiguos griegos lo llamaban hubris o hybris.

• Promoción del hedonismo, que el individuo viva sólo para sí mismo, es decir, que sea un payaso desamparado y débil, sin tribu. Puesto que el ser humano no necesita que le den nada, sino ganárselo él, este hedonismo gratuito y barato no le saciará y buscará siempre más materia y más placer sensorial que devorar. La última parada de este recorrido es el reventamiento mental, la degeneración física, el envejecimiento prematuro y un espíritu quemado que ya no cree en nada.

• Aniquilación de los valores del viejo mundo. Honor, fidelidad, altruismo, patriotismo, sentimiento del deber, coraje, fiereza, heroísmo, generosidad, disciplina, respeto, solidaridad colectiva, brutalidad, orgullo de familia, de tradición y de linaje, etc.

• "Liberación de la mujer" es el nombre que se le ha dado a la operación de duplicación de la mano de obra, aumento del consumo y reducción de los salarios a la mitad gracias al sometimiento de la mujer a los caprichos del mercado laboral y del capitalismo. Los efectos han sido la desintegración de la célula familiar y el desarraigo de los hijos de la misma, arrojándolos a ser criados por el Estado, el sistema educativo, la televisión y las multinacionales, haciendo entrar al comercio internacional en el último reducto del mundo natural: el hogar. Una sociedad que promueve a la mujer promiscua como "interesante" y "experimentada", que se burla de las madres de familias numerosas, que considera que una quinceañera virgen es tonta y que carece en cambio del arquetipo de la madre joven y pura, de la verdadera hembra, es una sociedad condenada a la disolución.

• Materialismo. La abundancia material y los estímulos sensoriales desordenados están controlados por el sistema, ergo hacer al ser humano adicto a la materia y a las modas lo hará adicto al sistema y además lo alejará de lo espiritual, del ejercicio de las partes cerebrales de aparición evolutiva reciente (como el neocórtex) y del mundo de los sueños, las experiencias místicas, el amor verdadero, la pasión, la fe y lo sobrenatural. La prosperidad, la riqueza y la abundancia en realidad corrompen el alma humana y hacen que se olvide de lo que realmente importa. Lo que hace crecer al ser humano son los obstáculos, la adversidad y el verse forzado a emplear a fondo y ejercitar todo su potencial. Entre los tres pilares de un Estado (Palacio, Templo y Mercado), el Mercado se identifica con los objetos inanimados, el dinero que producen y los instintos bajos que impulsan a su adquisición. En última instancia, el Mercado comercia con personas. Para eso, es necesario objetificar y cosificar a las personas, en una palabra, deshumanizarlas y despojarlas de espíritu, a la vez que se confieren cualidades humanas y divinas a objetos inanimados, en parte para justificar la cantidad de dinero no-respaldado que existe en el mundo, y en parte para llenar el hueco del espíritu arrebatado al hombre; ésta es la esencia de la especulación.Despojado de su lado espiritual y del amor, pero también despojado de su lado natural y animal, de su instinto de fiereza y lucha, el ser humano moderno se convierte en un pelele.

• Promoción agresiva de la disgenesia, del multiculturalismo y de todas las razas menos la blanca en las naciones occidentales: la raza blanca misma parece un obstáculo a quitar del medio. La inmigración y el multiculturalismo son vacas sagradas, tabúes modernos que nadie dentro del sistema oficial se atreve a cuestionar. La globalización y su ideología multirracial se han convertido en el nuevo dogma conservador de nuestro tiempo; ahora lo revolucionario y herético es hablar de razas, de pureza racial y de luchar por la supervivencia de tu código genético.

Aunque la oligarquía moderna está resultando ser un nido de neuróticos rabiosos altamente peligrosos para la humanidad y el planeta, el problema no es en sí la existencia de élites y castas. Los Homo sapiens ―sea lo que sea eso― somos mamíferos y primates y, como tales, jerárquicos: siempre habrá individuos Alfa e individuos Beta y por tanto siempre habrá élites. La única pregunta que cabe es ¿por qué tipo de élites seremos conquistados? ¿Por una interesada en elevar a los pueblos del mundo y devolverles su papel en la orquesta del Cosmos, o por una interesada en esclavizarlos y hundirlos, arrebatándoles cualquier anhelo espiritual, cualquier pequeño acto de rebeldía, cualquier pequeño placer personal, cualquier modesto triunfo o satisfacción íntima, cualquier sentimiento de amor y sacrificio hacia sus semejantes, cualquier rastro de odio e ira en contra de los gusanos del mundo, susceptible de elevarlos?

Por Europa Soberana

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