martes, 1 de septiembre de 2015

La verdad sobre San Martín: un cipayo inglés y masón.


INTRODUCCIÓN

Existen muchas versiones sobre este tema, muchos nacionalistas iberoamericanos resaltan que nuestros libertadores hicieron bien en independizarnos de la Corona, mientras otros, de la corriente ''hispanista'' afirman que la Masonería Británica estuvo detrás de las independencias.

Los sectores más ''antisemitas'' de esta denominada corriente hispanista, creen que las Independencias en el continente hispanoamericano fueron orquestadas por la Masonería Judía a través de Inglaterra y los Países Bajos como venganza contra España por la expulsión de los judíos en España por parte de los Reyes Católicos en en 1492. ¿Hasta qué punto es real esto?

Se dice que la base de la Logia Lautaro en realidad fue fundada en Londres en 1797 por el mismo Francisco de Miranda con la inestimable anuencia de Jeremy Bentham. A ella pertenecieron separatistas notorios de Colombia, Venezuela, México, Paraguay, Argentina y Chile, incluyendo Simón Bolívar, San Martín, Jose María Caro, O' Higgins y Monteagudo.



ACTIVIDAD MASÓNICA DE SAN MARTÍN SEGÚN ALCIBÍADES LAPPAS

Durante demasiado tiempo, la condición masónica de San Martín fue silenciada, debido a la excomunión que pesa sobre cualquier persona que participe de dichos ritos. Varios historiadores han ido descorriendo este velo y hoy, si bien no persiste el tabú, reina su hija contrahecha, la ignorancia. He aquí un por demás sucinto informe de la participación del Libertador en la Logia Lautaro, así como de la relación de esta sociedad secreta con la independencia de las naciones hispanoamericanas y la vida política de lo que hoy es Argentina en la década de 1810-1820.




A principios de 1808, en fecha aún no precisada, siendo San Martín edecán del general Francisco María Solano, marqués del Socorro, capitán general de Andalucía, fue iniciado masón en la Logia Integridad de Cádiz, logia masónica de la que el marqués era el Venerable Maestro. Posteriormente se afilió a la Logia Caballeros Racionales Nº 3 de la precitada ciudad y en dicha logia masónica recibió el tercer grado simbólico, o sea el de Maestro Masón, el 6 de mayo de 1808.

Ahí fue donde conoció a varios de los futuros promotores de la independencia americana. Después del asesinato del general Solano en manos de una exaltada multitud, el día 24 de ese mes de mayo. San Martín, de incógnito, se ausentó a Sevilla, desconociéndose con exactitud las demás actividades masónicas que desarrolló en la península, pero se sabe que al ser requeridos sus servicios para la libertad de la Patria que lo vio nacer, recibió la ayuda financiera necesaria para trasladarse a Londres por intermedio de sir Charles Stuart, agente delegado en España de la "Gran Reunión Americana" de Londres, fundada por Miranda. Una vez llegado a la capital británica, donde permaneció cuatro meses, participó de la fundación de la Logia Caballeros Racionales Nº 7 de Londres. En esa ciudad fue acogido fraternalmente por uno de los más prominentes miembros de la Masonería londinense, el conde de Fife, quien arregló asimismo los pormenores de su viaje a Buenos Aires.

De este modo, San Martín llegó a bordo de la fragata "Jorge Canning", junto con los oficiales, Alvear, Zapiola, Holmberg, Chilavert, Vera Arellano y otros, todos ellos iniciados en Europa en distintas Logias masónicas. Ya en Buenos Aires los viajeros se pusieron en contacto con el doctor Julián B. Alvarez, Venerable Maestro de la Logia Independencia, quien los orientó en sus primeros pasos introduciéndolos en la sociedad porteña y facilitándoles los elementos que los ayudarían en la formación de la Logia Lautaro, cuyo primer V. Maestro fue Alvear.

El 16 de marzo de 1812 el Triunvirato confió a San Martín la organización de un regimiento de caballería que sería el germen de donde surgió posteriormente el glorioso Regimiento de Granaderos a Caballo, con el cual once meses después San Martín libró su primer combate en tierra americana: San Lorenzo. Es interesante hacer constar aquí que nueve décadas más tarde, en ese mismo lugar y un mismo 3 de febrero, se fundó la Logia General San Martín Nº 186 para honrar la memoria del prócer y aquel histórico hecho de armas.

Después de organizar el Ejército del Norte y coordinar con Güemes la defensa de aquella región contra cualquier intento de invasión proveniente del Alto Perú, San Martín marchó a Córdoba, donde reunió un grupo de patriotas para iniciarlos en la Masonería, confiándoles sus proyectos de liberación de Chile. El 24 de mayo de 1814, según el acta existente, quedó constituida la Logia Lautarina de Córdoba. El 6 de setiembre de 1814 San Martín se hace cargo de sus nuevas funciones, trasladándose a Mendoza y preparándose con ahínco a organizar su gran ejército, al mismo tiempo que surge la lautarina mendocina. Ante la indecisión de las autoridades de Buenos Aires, los miembros de las Logias lautarinas, bajo la inspiración de San Martín y de Belgrano, presionaron para que se convocase a un Congreso, que fue el mismo que el 9 de julio de 1816 proclamó en Tucumán la independencia argentina y nombró a Pueyrredón como Director Supremo. Este y San Martín se entrevistaron poco después en Córdoba para ponerse de acuerdo sobre los planes de la inminente misión libertadora. Como resultado de esas conversaciones, San Martín fue designado general en jefe del Ejército de los Andes por decreto de 1º de agosto de 1826. Casi al mismo tiempo fundaba la Logia del Ejército de los Andes y asumía el cargo de Venerable Maestro, en cuyo seno serían iniciados muchos destacados jefes y oficiales de dicho Ejército.

El 19 de enero de 1817 las tropas libertadoras emprendieron el cruce de los Andes y en los llanos de Chacabuco obtuvieron el 12 de febrero la resonante victoria que libertaría la capital chilena, en la cual dos días después San Martín hizo su entrada triunfal. El parte de esa batalla, firmado por el Libertador, no lleva la rúbrica habitual de éste, sino la que utilizaba en los documentos masónicos. A fines de marzo vino a Buenos Aires, en secreto, para tratar con Pueyrredón y la lautarina porteña sus nuevos planes para independizar al Perú. De regreso a Chile, batió totalmente, el 5 de abril de 1818, a las fuerzas españolas afianzando definitivamente la libertad de ese país.



El 28 de enero de 1819 las autoridades chilenas lo nombran general en jefe del Ejército Libertador del Perú, para donde partió desde Valparaíso, el 20 de agosto de 1820, desembarcando en playas peruanas el 8 de setiembre. El 10 de julio de 1821 entró en Lima. Cinco días después, el Cabildo limeño proclamó que "la voluntad general se había decidido por la independencia del Perú de la dominación española y de cualquiera otra extranjera". El 28 de julio fue jurada la independencia nacional y el 2 de agosto San Martín, proclamado Protector del Perú, asumió el mando supremo y sancionó una serie de disposiciones que afianzaron la libertad. Entre éstas figura la liquidación de la Inquisición, mandando el 8 de febrero de 1822 que los bienes del terrorífico tribunal fuesen destinados para el aumento y la conservación de la biblioteca de Lima, institución que, según palabras textuales del Libertador, "es tan luctuosa a los tiranos como plausible a los amantes de la libertad". Ese mismo año fundó la Logia Paz y Perfecta Unión de la ciudad de Lima que prosigue su labor masónica bajo el Nº 1 en el registro de la Gran Logia del Perú. Por su parte, un grupo de patriotas peruanos, encabezados por José Faustino Sánchez Carrión, fundaron la Logia Orden y Libertad, que trabaja con el Nº 2 en el mismo registro.

Con la rendición de la fortaleza del Callao quedó afianzada la libertad peruana. Mientras tanto, los ecuatorianos habían proclamado su independencia, pero era necesario fortalecerla, para lo cual los patriotas guayaquileños enviaron al Perú a José M. Villamil para que estableciese contacto con San Martín. Este le impartió instrucciones y comisiones a los generales Guido, Luzuriaga y Espejo para representarlo en Guayaquil. Estos enviados se incorporaron a la Logia Estrella de aquella ciudad. Logia que preparó la histórica entrevista que más tarde sostuvo con Bolívar el 27 de julio de 1822. San Martín, en magnífico rasgo de desinterés, cedió a Bolivar el honor de poner fin a la guerra de la independencia; pero el destino quiso que fuera otro masón, el general Antonio José de Sucre, quien obtuviera la victoria definitiva en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, recibiendo por tal motivo el honroso título de Gran Mariscal de Ayacucho.

Instalado el Congreso Constituyente del Perú el 20 de setiembre de 1822, que otorgó a San Martín los títulos de Fundador de la Libertad del Perú y Generalísimo de las Armas Peruanas, éste se despojó del mando supremo que había ejercido hasta entonces con el título de Protector y abandonó aquel país para radicarse por un tiempo en su propiedad de la provincia de Mendoza. El 10 de febrero de 1824 se embarcó para Londres.


Nuevamente en 1822, San Martín pidió el primer empréstito a los ingleses por un monto de un millón de libras esterlinas. Para obtener el préstamo, envió a Inglaterra como plenipotenciarios a Juan García del Río y al inglés James Paroissien, quienes lo contrataron con el financiero inglés Thomas Kinder, dando inicio a la primera deuda externa del Perú.



Durante su permanencia en Londres mantuvo conversaciones con Rivadavia, pero no lograron conciliar sus respectivos puntos de vista. Pasó una temporada en el castillo de su amigo y hermano en masonería, el conde de Fife, en la localidad de Branff, Escocia, donde San Martín frecuentó las Logias San Andrés Nº 52 y San Juan Operativo Nº 92, ambas pertenecientes a la jurisdicción de la Gran Logia de Escocia. El conde de Fife, hasta 1848, fue Gran Maestre de la Gran Logia Provincial de Branffshire, jurisprudencia de la Gran Logia de Escocia. En ese mismo cargo lo sucedieron otros dos miembros de su familia: Jaime 5º conde de Fife, Gran Maestre Provincial de 1848 a 1881 y Alejandro 6º conde de Fife y primer duque de Fife, Gran Maestre Provincial de 1881 a 1891.

Abandonó después San Martín las islas británicas trasladándose a Bruselas, donde se incorporó a la Logia La Perfecta Amistad de esa ciudad, que dependía del Gran Oriente de los Países Bajos. En esa época los belgas le ofrecieron a San Martín el mando de las tropas, ofrecimiento que éste rechazó en una carta altamente emotiva, en la cual señalaba que si bien siempre estuvo del lado de las libertades de los pueblos, "al retirarse de la contienda americana juré no desenvainar la espada si no lo requería así la libertad de mi patria". Sin embargo, recomendó a otro masón: el general van Halem. En honor de San Martín la Logia mencionada mandó acuñar una medalla de plata cuyo facsímil existe en poder de la Masonería Argentina. Además, el Capítulo Rosa Cruz los Amigos Filántropos de Bruselas hizo confeccionar otra similar que se encuentra en el Museo Mitre de la ciudad de Buenos Aires. Cabe destacar que dichas medallas (comprobadamente auténticas) tienen la peculiaridad de representar al Libertador de perfil y son debidas a un distinguido artista europeo, Henri Simon, quien era masón, y para quien San Martín posó especialmente. Si grande es su valor desde el punto de vista masónico, no menos lo es desde el punto de vista iconográfico, ya que como dijimos, es el único perfil auténtico que se conoce del Libertador.


San Martín llegó a Bélgica en 1824; allí se vinculó con las logias masónicas locales, tal su trayectoria, las que lo recibieron fraternalmente. Dada su acción en America fue homenajeado; la logia “La perfecta amistad” hizo grabar una medalla en su homenaje con un destacado grabador, judío y masón, Jean Henri Simon. Este logró plasmar una de las más nobles efigies del héroe hacia comienzos de 1825. Puesta a la venta, un periódico de Bruselas publica la siguiente nota: “El caballero Simon, grabador de S.M., va a editar diez medallas de hombres ilustres (…) Varias medallas grabadas del natural van a ser emitidas por este artista. La que acaba de aparecer ofrece a los amigos de las artes la semejanza perfecta de un general extranjero, justamente célebre, el general San Martín, tan conocido en la revolución de la América española del Sud”.  Se considera que el perfil del Libertador que se halla en la medalla fue copiado del natural por el eximio medallista judío Simon, siendo uno de los más auténticos retratos de San Martín. En el anverso pude verse en el campo, el busto de San Martín, de perfil izquierdo, de casaca con charreteras, luciendo la placa de Fundador de la Orden del Sol de Perú y la leyenda “LE GENERAL SAN MARTIN”; en el reverso, una leyenda traducida del francés y de las peculiaridades, abreviaturas y jeroglíficos masónicos, que dice: “La Logia LaParfaite Amitié constituida al oriente (en la ciudad ) de Bruselas el 7 de julio de 5807 ---al General San Martín – 5825”. Hay que aclarar que la masonería agrega cuatro mil años a las fechas de la era cristiana común. En letras pequeñas, en ambas caras, se lee “Simon F.”, la frase latina que significa Simon fecit o sea “la hizo Simon”. 


Al radicarse en Francia, San Martín se encontró con Alejandro Aguado (de origen judío o para algunos, más específicamente, judío-portugués), marqués de las Marismas (Guadalquivir), a quien hacía largos años que no veía y hacia quien guardaba una fraternal amistad por haber pertenecido ambos a la Logia Integridad de Cádiz. Aguado invitó a San Martín a residir cerca de él, en el Bourg, próximo a París. Así es como figuran las firmas de ambos como participantes en las reuniones masónicas de la Logia de Ivry, de la que era Venerable Masón el médico particular de Aguado y de la Casa Real, doctor Rayer, quien con el tiempo llegó a ser decano de la Facultad de Medicina de París, miembro del Instituto y presidente de la Sociedad de Biología. Un tiempo después, San Martín fallecía en Boulogne-sur-Mer, a donde se había trasladado en busca de alivio para su quebrantada salud. El deceso ocurrió el 17 de agosto de 1850.

Alejandro Aguado.


Los apasionados acontecimientos políticos americanos habían hecho olvidar la figura de San Martín, pero había de ser un eminente masón –Domingo Faustino Sarmiento- quien reivindicaría la gloria del Libertador con sus publicaciones aparecidas en Chile, primero, y, más tarde, en Buenos Aires. Al constituirse en esta ciudad la Logia Unión del Plata, en 1855, Sarmiento y Santiago R. Albarracín fueron comisionados por el taller masónico citado para emprender los trabajos tendientes a erigir una estatua en honor del Libertador. Estos trabajos tuvieron su coronación al celebrarse la ceremonia inaugural el 13 de julio de 1862, ocasión en que hicieron uso de la palabra el Gobernador de la Provincia, encargado del Poder Ejecutivo Nacional, general Bartolomé Mitre; el general Enrique Martínez en representación del Ejército; el general Tomas Guido, que fue colaborador y amigo íntimo de San Martín, y el general Lucio Norberto Mansilla, comandante de la Guardia de Veteranos, todos ellos masones. El acta correspondiente fue labrada por el escribano Adolfo Saldías (p), también masón y suscrita por los siguientes hermanos masones: Bartolomé Mitre, Santiago R. Albarracín, Eduardo Costa, Juan Andrés Gelly y Obes, José Matías Zapiola, Lucio Norberto Mansilla, Enrique Martínez y Manuel H. Aguirre.

Una vez dado este primer paso, los masones argentinos propiciaron la repatriación de los restos del Libertador, presentando en tal sentido un proyecto de ley a la Cámara de Diputados de la Nación los legisladores Adolfo Alsina y Martín Ruiz Moreno, que oportunamente recibió sanción. Pero la guerra con el Paraguay impidió concretar el traslado hasta 1880, y como el proyecto inicial no previó un lugar determinado para que fueran depositados los restos del ilustre soldado –ya que la idea que había prevalecido era ponerlos bajo la custodia de la ciudad que fuese erigida en capital de la República-, la comisión que tenía a su cargo esta patriótica labor pensó colocarlos provisionalmente en la catedral de Buenos Aires. Entonces la Iglesia planteó un grave problema, puesto que las autoridades eclesiásticas se basaban en el hecho de que los cánones apostólicos romanos prohíben depositar los restos de un masón en un lugar consagrado, y Mitre había decretado la secularización de los cementerios únicamente. Después de muchas deliberaciones, gestiones y consultas, la iglesia encontró la solución admitiendo la construcción de un mausoleo junto al edificio de la Catedral, es decir, fuera del recinto o cuadrilátero consagrado, para que se guardasen los restos del más grande de los argentinos, por ser un masón. Pero esto no fue todo: las autoridades eclesiásticas no estaban conformes y colocaron el ataúd con la parte superior inclinada hacia abajo, con lo cual se aludía a la premisa de que los que mueren fuera del seno de la Iglesia van al infierno, que, según ella, se encuentra en las entrañas de la Tierra.

Sólo dos décadas después la Iglesia cambió de actitud, comenzando a rendir tributo a San Martín. Coincidentemente, a partir de 1903 y a título de ser la iglesia Catedral el santuario donde se guardaban los restos del Libertador, fueron sancionándose leyes tras leyes y dictándose decretos tras decretos que concedían créditos para reparaciones, refacciones, etc., que la autoridad eclesiástica había de efectuar en su sede central.

La Masonería Argentina ha considerado a San Martín como uno de sus más prestigiosos miembros y exalta su figura como paradigma de la virtud y del desprendimiento. Bajo la Jurisdicción de la Gran Logia de la Argentina funcionan en la actualidad las logias Lautaro Nº 167 de la ciudad de Buenos Aires y Lautaro de Mendoza Nº 368, así como las logias General San Martín Nº 186, fundada inicialmente en San Lorenzo, pero que actualmente trabaja en la ciudad de Rosario, General San Martín Nº 57 de Bragado, General San Martín Nº 272 de Bahía Blanca y General San Martín Nº 384 de Lanas. Bajo la jurisdicción del Supremo Consejo grado 33º para la R. Argentina funciona el Capítulo Rosa Cruz General San Martín Nº 8 y el Capítulo Rosa Cruz Gran Reunión Americana Nº 17. Con el nombre "General San Martín" trabajan varios otros talleres masónicos en otras partes de América.

LA LOGIA LAUTARO

La Logia Lautaro fue una sociedad francmasónica americana fundada en 1812. Era una rama de la Gran Reunión Americana de Londres o Logia de los Caballeros Racionales, fundada por Francisco de Miranda alrededor del año 1798. Tomó su nombre del caudillo araucano Lautaro (c. 1534-1557) que se sublevó contra los conquistadores españoles., pero también era un símbolo del propósito de la logia: "expedición a Chile" (¿recuerdan el plan Maitland?). Este secreto sólo se revelaba a los iniciados al tiempo de juramentarse.

En su inicio fue dirigida por José de Gurruchaga, y entre su miembros se contaban los venezolanos Santiago Mariño, Andrés Bello, Luis López Méndez y Simón Bolivar, el italiano Franco Isnardi, el mexicano José María Caro, los chilenos Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera y el padre José Cortes de Madariaga, el sacerdote paraguayo Juan Pablo Fretes y los argentinos José de San Martín y Tomás Guido.

Siguiendo la antigua tradición de adoptar nombres simbólicos o iniciáticos, José de San Martín era conocido entre los lautarinos como Hermano Inaco.


- Consta en las Memorias de Tomás de Iriarte que:

Belgrano rechazó la posibilidad de ingresar en la organización (Logia Lautaro), "aduciendo, precisamente, la condenación eclesiástica que pesaba sobre la secta". 

Tanto la Logia Lautaro como la Logia de Julián Álvarez eran masónicas. En 1809 se reunían en Sevilla, Matías de Irigoyen, Hilarión de la Quintana, Sarratea y Altolaguirrre, quienes pasaron luego a Cádiz donde se les unió San Martín.San Martín y Bolivar, protagonistas de la entrevista de Guayaquil, eran ambos miembros masónicos.

-Vicente Fidel López afirma que:

"la Lautaro" no fue una vaguedad revolucionaria ni un título de ocasión sacado de la Araucana de Ercillia sino una palabra intencionadamente masónica y simbólica cuyo significado específico no era "guerra a España" sino "expedición a Chile", secreto que sólo se revelaba a los iniciados al tiempo de jurar el compromiso". Lautaro era el nombre de un cacique araucano que luchó por su tierra contra los españoles en el siglo XVI.

Tanto masón era Bolívar como Riego, y todos ellos y sus seguidores obedecían a una autoridad omnipotente, al supremo y oculto poder masónico, aliado a los enemigos seculares de España: A los pueblos anglosajones" (Carlavilla, Mauricio, Masonería Española, Madrid 1956, pág. 109).

- La editorial Planeta de España acaba de presentar el libro del historiador español César Vidal, Los Masones. La sociedad secreta más influyente de la historia. Su libro, que toca el tema con amplitud y solidez, abarca inclusive la famosa Logia Lautaro, a la que perteneció el General San Martín, entre otros próceres argentinos. 

Las afirmaciones que realiza el autor vienen convenientemente señalizadas para que uno mismo si duda de su veracidad consulte las fuentes.

Observaremos la gran importancia de la masonería en la aniquilación del Imperio Español. San Martín era masón, al igual que O´Higgins y Simón Bolívar. Consiguieron la emancipación y conquistaron el poder político, pero no consiguieron lograr estabilidad.El militar masón Riego que debía sofocar la revuelta hispanoamericana se pronunció contra Fernando VII en Cabezas de San Juan.

 Resultado: formalmente se regresó al sistema constitucional de 1812, pero la administración del Estado fue dominada por la masonería.

José de San Martín, "aunque a los argentinos católicos les duela oírlo", era masón y "esto es indudable", concluyó el autor.



CONCLUSIÓN

Creemos que la Nación va ligado a lo racial y cultural, y nuestro nacionalismo no es contractualista (además de que en ningún lado está escrito que debemos rendirle honores a ciertas figuras históricas) de origen masónico ni está basado en accidentes históricos.


San Martín fue un agente de la corona británica. Eso es innegable. Podría mostrarles pruebas de que el concepto de Argentum siempre existió a lo largo de la Historia, y la independencia aunque fue necesaria para salirse del corrupto Imperio Español, ha sido hecha con malas intenciones de convertirnos en colonia inglesa y en el peor sentido de la palabra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario